Quiero dedicarle esta actualización a mi amiga Mila. Mila, perdón. Espero que aceptes mis disculpas.
Anoche, noche de caballeros en el Hogar Perruque.
Los interfectos: Jesús Albarrán (móvil verde), Mario (móvil negro), Joaquín (móvil morado), Jesús Cañas (móvil amarillo), Juanfran (móvil rojo) y un servidor (móvil azul).
El plan: echar una partida al Monopoly, aunque tuvimos que conformarnos con jugar al Megapoly.
En principio era un plan sencillo, pero todo el mundo sabe que los planes son como panes con L intercalada.
Quedamos a las 21:00 y empezamos a jugar a las 23:00, previa ingesta de roscas de jamón y queso, fritos y patatas (menos Juanfran, que el pobre, por motivos de salud, no pudo comer). Todo ello bañado con Coca-Cola y, ya al final de la noche, Colacao. Acabamos a las 4 de la madrugada.
Resumir cinco horas de juego agresivo es difícil, así que podéis preguntarle mejor a Juanfran, que cayó eliminado a la media hora.
Sin embargo, reseñaré algunos momentos destacables:
*Juanfran se pasó cuatro horas y media mirándonos jugar, ya que cayó en quiebra a la media hora al no dejarle fusionarse con Mario. El Megapoly no conoce de amigos.
*Jesús Albarrán y yo nos dedicamos a coleccionar PYMEs por pura avaricia, olvidando el auténtico objetivo del juego.
*Joaquín se convirtió en el ser más odiado. Era el enemigo a abatir. Su imperio multicolor había levantado a los demás el sentimiento de envidia. Pese a su arcoiris, su obstinación era el color amarillo. Una vez venido a menos, lejos de dejar de atacarle, seguimos yendo tras él como fieras. En el Megapoly, los enemigos son para siempre.
*El chino escondido dentro de la botella no quería que el juego terminase. Nos puteaba una y otra vez, ofreciéndonos en la primera mitad del juego la bolita roja y en la segunda, la verde. No os perdáis, esto no es el Monopoly. Es el Megapoly, que no conoce la ley de las calles.
*Un buen número de empresas se convirtieron en símbolos personales de cada jugador. Mario se inclinaba por cualquiera azul; Joaquín, por las amarillas y verdes; Jesús Cañas, por las rojas; Jesús Albarrán actuó a su libre albedrío; y yo nunca olvidé World TV (mi primera empresa), mis dos concesionarios y la puñalada trapera de Jesús Albarrán: Dallas Oil. A Juanfran no le dio tiempo a encariñarse con ninguna.
*Los chanchullos para intentar que la gente no cobrara al pasar por la salida afloraron varias veces durante la noche. En algún caso, como el de Jesús Cañas, no dieron resultado. En otros, como el de Jesús Albarrán, yo mismo le eché en cara que había olvidado cobrar. Omito los insultos.
*A partir de las 2:30, Jesús Cañas y Joaquín querían que terminase el juego. El primero se ofrecía a perder, mientras que el segundo quería ganar de cualquier modo. Yo, pese a que más tarde caería en la bancarrota, no accedí a venderle mi Asia Gas a ese magnate llamado Joaquín. Caí, pero con estilo.
*La lucha final fue entre Mario, Joaquín y Jesús Albarrán, ganando este último, pese a que, como veréis a continuación, no fue precisamente el más avispado del juego.
La banda sonora de la noche fue, por mérito propio, esta canción:
http://es.youtube.com/watch?v=XAg5KjnAhuUMe despido aquí no sin antes ofreceros los mejores diálogos que nos dejó la noche:
*Alguien intentó comprarme uno de mis dos concesionarios (por joder).
COMPRADOR: ¿Cuál prefieres que te compre?
LUIS: Es como si me preguntas qué pierna prefieres que me corte.
*Cuando Jesús Albarrán le vendió a Joaquín Dallas Oil, me lo tomé muy a lo personal, así que cuando cayó en uno de mis concesionarios...
LUIS: Vaya, vaya, vaya... Has caído en uno de mis concesionarios... ¿Sabes dónde puedes repostar el coche? Hay una gasolinera muy buena... Dallas Oil me han dicho que se llama...
MARIO: Si quieres puedes repostar en mi gasolinera (Asia Gas), que como es china, es más barata.
*Cuando caí en bancarrota, me despedí derrotado.
LUIS: Lo que más me jode... es que no he tenido ninguna empresa verde.
*Y la joya de la corona. Jesús cayó en Total Telecom, creyendo que era de Mario. Le pagó el dinero correspondiente por haber caído en su empresa y se la intentó comprar tirando la botella. Primero le salió una multa, la pagó y volvió a tirar, sacando la bolita verde y pudiendo comprar la empresa.
JESÚS: Toma, los 1200 millones.
MARIO: Jesús, Total Telecom es tuya.
Photo uploaded at 7:16 AM
Tengo (o tenía, hace casi diez años) el talento sobrenatural de hacer que siempre me salga la bolita verde en la botella. Diez de diez intentos, veinte de veinte; da igual: ese cilindro fue hecho para ser agitado por mí.