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Cap 5.
Estuvimos un rato calladas, pensando, sentadas. Era extraño, pero al fin Broken Silence estaba completo, ¿ahora íbamos a derrumbarnos? Definitivamente, no habíamos llegado a este punto para venirnos abajo. Nos lo cogimos con el mayor optimismo posible, pues Carmen y yo ya nos habíamos metido en bastantes líos y andábamos tan felices, como si nada, y ahora encima teníamos a Mary, una excelente persona. Nos esperaba demasiado juntas.
Después hablamos un rato, luego cogí el teléfono para llamar a Dave.
-¿Si?
-¡Hola! Soy Judy. – dije algo tímida.
-¡Hey! ¿Qué tal? – y eso que nos habíamos visto por la mañana.
-Pues ahora por eso te llamaba… ¿podemos vernos? Tienes que ayudarnos por favor…
-Vale, ningún problema. ¿En el bar de antes?
-Ok. Hasta ahora.
Salimos las tres, pero justo en la calle de la esquina ellas siguieron adelante y yo giré a la izquierda, para dirigirme al bar. Supongo que ellas irían a conocerse un poco mejor, y yo arreglaría el tema de los instrumentos…
Pronto llegué, y allí lo vi, sentado donde antes.
-¿No te has movido?
-No. He estado aquí todo el tiempo. – reímos. Parecía raro que pudiera estar tanto rato en el mismo sitio. Nos dimos dos besos en señal de saludo, y le conté nuestro problema. Se quedó paralizado, pero enseguida aceptó ayudarnos a conseguir nuevos instrumentos prestados, hasta que pudiéramos comprarlos nosotras.
-Yo tengo un grupo. Si queréis os podéis venir cada vez que ensayemos a ensayar vosotras también y cogéis los instrumentos.
-¿En serio?
-Claro. A los chicos no les importará. – me hizo un gesto de confianza.
-Muchas gracias. ¿Damos una vuelta? – propuse.
-Ok.
Paseábamos charlando de cualquier cosa. Me gustaba su compañía, era grata.
De mientras, Mary y Carmen andaban dando vueltas todavía.
-¿Dónde vamos?
-Paseemos. Está bien pasear. – sonrió Mary a Carmen.
De pronto pasaron por una calle estrecha, toda llena de casas iguales una al lado de otra. En seguida distinguieron el precioso sonido de una batería, y un bajo… y la distinguida guitarra. Las dos iban escuchando para ver de dónde provenía el ruido, hasta que Carmen se paró delante de una puerta de garaje medio amarilla, con pintadas. Mary se acercó y asintió. Era obvio, ahora, que la música provenía de ahí.
Tal y como era Carmen, impulsiva, era de esperar que tocara la puerta, a admirar el sonido que salía de esos instrumentos tan limpiamente tocados.
Tardaron poco en contestar. Salió un chico con los ojos azules perfectamente delineados, el pelo castaño, y con unas baquetas en la mano.
-¿Si? – dijo.
-¡hola! Somos Carmen y Mary. Hemos escuchado gente tocar y nos encanta! ¿Eres tú el que tocabas? – entonces de detrás del chico venían otros dos.
-Tré… ¿qué sucede…? – entonces nos miraron.
-Hola. – dijo uno con el pelo negro.
-Hola. – dijo otro rubio. Ellas les contestaron, y les verificaron que ellos eran los que tocaban. Les hicieron entrar a la casa después de saber que les había encantado, y después de saber que el del pelo castaño era Tré, el de la batería (la cual su nombre verdadero era Frank), el del pelo negro era Billie Joe, el de la guitarra, y el rubio Mike, el del bajo.
Charlaron un rato de música, y luego se despidieron, prometiendo que volverían, invitadas por ellos tres, y ellas acompañadas de mí.
Cuando acabé de hablar con Dave, cosa que nunca habría acabado de hacer, me dirigí a casa, donde después llegaron Mary y Carmen, contándome lo de los tres chicos que habían conocido.
By Judy.
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