El Valle de las Hamacas
7/5/09
No fue la intución, no, lo que me despertó unos instantes antes del temblor. Eran más de las cinco de la madrugada y de pronto, como un resorte automático, mis ojos se abrieron y mi mente luchó vagamente para salir del profundo sueño en el que me hallaba inmersa. No fue a causa de la intución, no. Fue el aullido penetrante, una vez más, de los chuchos de la colonia. Los perros sienten antes que los humanos: los ven venir antes.
El suelo tembló dulcemente. Fueron varios vaivenes, unos 30 segundos que para mí se convirtieron en eternos. Cierras los ojos, miras hacia el techo, se te tensa el cuerpo y cuentas los segundos. Sabes que es sólo un temblor pequeño, uno más, que no tendrá mayores consecuencias, qué servirá sólo para comentar mañana si lo sentiste o ni te despertaste. Una anécdota, poco más.
Y se paran los vaivenes... sopla una ligera brisa que mueves las cortinas, los chuchos se han quedado extrañamente callados y cierras de nuevo los ojos. Como si no hubiera pasado nada.
Y mientras, Centroamérica sigue temblando a ritmo de los acontecimientos en Honduras. Parecía una anécdota y ya hace 8 días del golpe de estado (según unos) o secuestro del presidente (según otros). Pintan un tanto feas las cosas en el país vecino, con censura informativa incluída...