11/26/09
Yo necesito que me pase algo lindo. Algo bueno. Algo simple. Algo fácil. Algo inesperado. Necesito que alguien se enamore perdidamente de mí. Necesito ganarme la lotería. Heredar una mansión de una tía lejana. Recibir un ascenso. Irme de viaje tres meses. Necesito algo así: caído del cielo.
Pero no necesito que me pase algo maravilloso por el suceso maravilloso en sí. Necesito que me pase algo lindo para volver a creer que esas cosas pueden pasarme a mí. Para volver a creer en mí y en el mundo. Para salir del ghetto de la mala suerte, para dejar de vivir como un leproso que mira desde afuera a la gente que a veces la pasa bien.
Hay un momento clave en la vida de los solteros crónicos, en el que empezamos a aceptar que ciertas cosas sólo le pasan a otros. Que si alguien está interesado en nosotros, seguro es asesino serial. Que si nos regalan un viaje, seguro nos van a robar los órganos. Que si heredamos una casa, es porque está embrujada y hay fantasmas de niños con cara de viejo escondidos en el placard. Pero no es un reclamo ni un brote de victimismo. Es una certeza tranquila, una suerte de resignación. El amor le pasa a otros.
Quizás dentro de cincuenta años tenga un videoblog por celular y todos ustedes se enteren qué pasó conmigo. Quizás no. Quizás lean que un anciano se atragantó con muffins de blackberry y chocolatada en su departamento y se rían sin saber que soy yo.
Desgraciadamente, sólo el tiempo va a poder probar toda la verdad que esconde mi teoría.
lo escribiste vos?
y si no...sos groso igual.
completamente identificada con tus palabras....
un beso!