otra vez sin escribir
3/4/09
Han pasado varios días desde que empecé a escribir, varias líneas inconclusas, varias ideas difusas… No entiendo por qué no he sido capaz de escribir. A veces me bloqueo, como ha sido el caso. Es la presión autoimpuesta que no me deja funcionar como de costumbre.
Los quizás no son muy buenos compañeros de mi pluma, y cuando aparecen dos o tres en mis líneas, se apoderan de la página en una invasión desordenada y a su antojo convirtiéndome a mí en su esclava, y a mis letras en herramientas de propaganda de un régimen telaraña.
No soy lo suficientemente fuerte como para combatirlos. No estoy entrenada, y mi única arma es convertir su colonización en un circo de “soldados quizás” disfrazados de tal vez y de puntos suspensivos.
El plan B es dejar que mi ejército de dudas circule libremente por el papel, sin moros en la costa, sin quizás ni tal vez. Dudas en estado puro, que marchan al compás que dictan mis pensamientos, por primera vez y sin ensayos.
El plan B es probablemente de lo malo lo mejor, pero aún así no lo suficientemente bueno para firmar el texto con una sonrisa o una lágrima, que suelen ser mis banderas de victoria, aunque haya perdido a todo mi ejército en la batalla y decida entonces dejarles un lago salado salido de mí misma y después abandone el lugar.
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Desde que escribí esto han pasado ya meses, casi un año, pero las mismas situaciones se siguen repitiendo. No puedo escribir. Y no puedo porque no quiero hacerlo. Porque no soporto llenar páginas de dudas, temores e incertidumbres, por muy disfrazados que estén. Porque no quiero leerme; es como mirarte al espejo después de vomitar… y que lo lea el resto es como salir del baño sin lavarte la cara.
Puedo escribir sobre certezas, optimismo y seguridades, pero no lo hago porque ssshhhhh, son secretos; he decidido que lo sean. Soy demasiado cobarde como para sacarlos a la luz y afrontar las reacciones.
En realidad no es cuestión de escribir o no. La escritura es una de mis formas de expresión, que para algunos momentos me resulta más fácil o adecuada que la palabra hablada. Es una forma de comunicarme, a veces egoísta, por eso de acaparar el turno de palabra, pero una vez llegues al punto final, lector, eres libre de emitir tus juicios y opiniones, creo que eso sí que podré asumirlo.
En las ocasiones en las que escribo para que alguien lo lea, suelo esperar una respuesta, una reacción. Creo que es precisamente eso lo que me da miedo, la reacción… o que no la haya, eso podría ser incluso peor. No provocar ningún tipo de reacción aparente no me parece buena señal. Una de mis profesoras dice que siempre hay comunicación, aunque no exista una respuesta por parte del receptor. A mí no me ha acabado de convencer del todo. Probablemente porque no siempre sé descifrar una no-respuesta, o porque, como diría mi padre, “siempre quieres tener la última palabra”, o porque cuando espero una reacción a lo que he escrito, es porque para mí es lo suficientemente importante como para merecerla, porque ese texto es una parte de mí, y la pasividad del receptor no sé tomármela como otra cosa que un desprecio por su parte, o un fracaso por la mía. ¿Cuál de las dos duele más?
Carmen
_sobre la foto: Vanexxa. Sala Galileo, Madrid 20/Feb/09
_audio: la desheredada, Vanexxa.
_sensación: vulnerabilidad.
sigues viva!!
yo también atravieso algo parecido. no tengo inspiración y jode. pero sí, también hay cosas que uno no quiere escribir..sin embargo, con el tiempo, un año o dos o los que sean, acabas dándote cuenta de que algunas de esas cosas que no querías escribir pues al final sí puedes, y algunas otras ya no guardan importancia. las que quedan son el trabajo pendiente que no se puede separar de ser uno mismo.