* vivir en la ignorancia *

Hace unos días, comentando mi viaje a México, un amigo me decía: “¿Y es verdad que los mexicanos son todos pequeñitos?”. Cuando intenté devolverle a la realidad negando su error, alguien me cortó: “Ala, Bea, que todos sabemos que los mexicanos son pequeños”. Como si estuviera ciega (soy miope perdida, pero los tamaños aun los distingo) o fuera estúpida. Poco antes, otro conocido me preguntó: “¿Y no te atracaron ninguna vez?”. Su cara no sé si era de incredulidad o de “ay, pobrecita, se cree que me lo voy a creer”, cuando le decía que Ensenada es de lo más tranquilo. Son sólo dos ejemplos de la ignorancia que, empiezo a darme cuenta, reina en España. Pero tengo muchos más.

Los españoles formamos parte de la Unión Europea, somos el país más poderoso de todos los hispanohablantes, estamos en el primer mundo… Nos creemos la ostia en bici, en definitiva. Y consideramos que todo lo que queda más allá del Océano Atlántico por un lado o de las fronteras de Europa por otro, no nos llega ni a la suela del zapato. Salvando, por supuesto, la tierra prometida que son los Estados Unidos. Son lugares que están bien para ir de compras súper baratas, o de vacaciones a sitios paradisíacos pero, fuera de eso, sus gentes son medio indígenas, sus costumbres medio aborígenes, y sus países rinden culto a la droga, las desigualdades y la corrupción. Joder, qué ignorantes somos.

Hace un momento, mi padre se exaltaba defendiendo su postura “anti-gringa”. “Los estadounidenses no nos dejan entrar a los españoles en su país si no es pasando un montón de controles, pero ellos campan por el mundo a sus anchas. Y luego les preguntas dónde está España y se creen que es parte de México o de algún país sudamericano”. “En España somos igual, eh”, le he respondido, y sus ojos se salían de las órbitas. Entonces, le he explicado lo arriba escrito, y otros muchos ejemplos que he recopilado en las últimas semanas, y parece que ha entrado un poco en razón.

Por desgracia, ese pensamiento de mi padre es aplicable a mucha otra gente. Se nos llena la boca criticando a los norteamericanos: que si se creen el ombligo del mundo, que si son unos racistas, que si todos los lugares a los que viajan (porque tienen el dinero y el poder para hacerlo) terminan corrompiéndolos… Pues los españoles no somos mucho mejores, eh. Ni el resto de europeos. Y el que intente negármelo es que no ha salido de su casa, no conoce mundo. Y no me refiero a viajar. Me refiero a cultivarse, a leer, a ir más allá de lo que los medios de comunicación nos transmiten.

Tuve el gusto de conversar en Tabasco con una señora octogenaria que conocía dónde estaba Brujas. Sí, Brujas, Bélgica. A ver cuánta gente, si salgo ahora a la calle, veinteañera o en edad de estudiar, conoce donde está Brujas. Seguramente bastantes, con esto de Ryanair y lo fácil que es ir a Bélgica desde Zaragoza, pero seguro que también encuentro gente que no tiene ni idea. Y voy más allá: a ver cuánta gente sabe dónde está Tabasco. Ni Dios. A lo único que nos suena Tabasco es a “una salsa que pica mucho”, parafraseando una broma de mi madre cuando viajé allí. ¿Y por qué esta señora conocía Brujas (y muchos otros lugares de Europa y el mundo)? Porque leía, amaba leer. Tenía una colección de revistas de viaje en su casa que ya la quisiera cualquier estudiante de periodismo. Pero no, los estudiantes de periodismo hoy en día escuchamos a los grandes medios (en el mejor de los casos), oímos que en Tijuana ha habido un tiroteo, y ya sabemos que México es un país de mafiosos. Bravo. Un aplauso a nuestra capacidad de análisis. Aunque mejores son nuestros profesores, que escuchan que un huracán se acerca a la costa sur de México y ya creen que todo el país está en alerta por inundaciones. Olé sus huevos. Ni mirar un puto mapa saben.

Y así nos va. Así llegamos a México, creyendo que somos la Madre Patria, y nos encontramos con un país lleno de riqueza cultural, natural, gastronómica, y un largo etcétera. Y lo más importante. Su gente no es traficante, ni drogadictos, ni viven en la indigencia, ni son unos incultos. Al contrario, los incultos somos nosotros. Incultos, ignorantes y maleducados. Porque hasta en eso nos ganan, en educación. Esto no quiere decir que los mexicanos no tengan prejuicios. Los tienen, y muchos. Pero allí son curiosos y les interesa aprender, así que me creían cuando les decía que algunos de los estereotipos que me decían no eran ciertos. Mientras que aquí, cuando intento terminar con los prejuicios, me miran como si estuviera loca. En algo mentí a los mexicanos: les dije que no había muchos prejuicios, que había mucha gente tolerante que no creía en los tópicos en España. ¿Dónde están ahora todos esos tolerantes? Lo siento, amigos mexicanos, yo también vivía en la ignorancia.


On January 05 2010 Edit






cabra_loka

unknown - 16/06
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Zaragoza, Aragón, Spain




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