6/16/09
Las madrugadas dan mucho para pensar. ¿Y por qué? porque en la madrugada sólo estás tú, con tu conciencia, con tu almohada, contigo mismo, o con como lo quieras llamar. Por la noche, a oscuras, con los ojos abiertos y sin ver nada, ves más de lo que te gustaría. O tal vez es un sueño. Sí, pero desearías que fuera real. No sabes qué es lo que quieres. O al menos no de esa manera. Y abres los ojos ¿o ya los tenías abiertos? y la oscuridad sigue ahí. Es lo único que continúa.
La madrugada es lo único que no nos abandona. Lo único que tenemos seguro, junto a nosotros. Lo único que sabemos que va a volver mañana. Y pasado. En la madrugada no hay tormentos. A veces hay llantos, de esos que se ahogan y que van acompañados de suspiros. Pero también hay sonrisas, de esas leves, tiernas, bonitas.
Las madrugadas cálidas deberían resolver todos los problemas. En las madrugadas se debería decir aquello que se siente sin miedo, aquello que durante el día da angustia y vértigo. En las madrugadas se deberían dar a conocer aquellos secretos que llevamos atados a nosotros. Porque las madrugadas no son traicioneras. Son tranquilas, silenciosas. Y más bajo las estrellas (aunque no se vean).
Cuántas cosas deberían pasar en las madrugadas.
perraaa bss