OJOS FRÍOS
2/18/08
II
Ainoa se acercó a él.
-¿Estas bien? – insistió.
La miró sosteniendo el todavía chorreante reloj en alto, pero no articuló palabra alguna. Sus ojos abiertos a la luna solo denotaban sorpresa. La chica que le hablaba era muy guapa, le gustaba.
-¿El reloj? ¿Eso es lo que te preocupa? –exclamó Ainoa nerviosa señalando la rama del árbol. -¿sabes que podrías haberte matado?
Miró hacia el árbol, le resulto familiar. Sobre una rama había un gato gordo con el pelo blanco y demasiado largo. Sus ojos se encontraron con los del gato. Este saltó al suelo, su cola se había erizado. Sin acercarse soltó un bufido y le enseñó los colmillos. Salio corriendo y desapareció.
–Fiz… Fiznab? –murmuró sorprendida Ainoa. –¿Que diablos le habrá pasado? Solo le he visto bufar así una vez. Fiznab era mucho más joven, aquel verano que mi padre trajo el perro de un compañero de trabajo para cuidarlo durante las vacaciones. No pudo ni entrar en casa… que raro.
No entendía que es lo que la chica le decía, le hablaba como si le conociera aunque en realidad tenía la certeza de que era la primera vez que la veía, pero le gustaba así que decidió seguirle la corriente.
–Ya sabe lo que se dice desde siempre, señorita –dijo cortés –Los gatos ven donde los demás somos ciegos. Pero también dicen que no hay gato bueno que al agua no llore.
–¿Te has golpeado en la cabeza? –pregunto mirándole extrañada. –¿Te encuentras bien? Déjame ver.
Ainoa se acercó y empezó a tocarle la cabeza. El sintió el contacto y se dejó hacer. Sintió como los dedos se introducían entre el enmarañado pelo. Primero buscaban la presunta herida, pero pronto empezó a acariciarle. Sintió como se acercaba más a él. Sintió el aliento en su oído.
–Eres un rufián, te haces el tonto para que esta señorita se preocupe por ti, eh?- Susurró Ainoa.
Ainoa se sentó de rodillas sobre sus piernas, con la cara a solo unos centímetros de la de él. Tenía ganas de besarle. Sus ojos se encontraron y ella sintió una sacudida que le hizo levantarse de golpe. Los ojos le devolvían la mirada perdida, sin vida, como si le atravesaran hasta conocer todos sus secretos más recónditos.
-¿Que hacéis ahí tortolitos? –Gritó Eva desde el porche en un tono que denotaba que ya había bebido más alcohol del que era capaz de controlar -Os vais a quedar helados ahí fuera… ¿O es que a vosotros dos no os afecta el frío? Venga venid que la fiesta está de puta madre, Jordi dice que es capaz de despelotarse bailando con uno de los discos de tus padres … Bueno, haced lo que queráis, yo no pienso perdérmelo, luego no digáis que no os avisé…
La chica volvió a entrar pero dejó la puerta abierta. El sonido de la música llegaba lejano. Pero para Ainoa la llamada de Eva había resultado providencial, ya no tenía ganas de quedarse a solas con él.
-Vamos adentro, Eva tiene razón, aquí hace demasiado frío, estas empapado y te vas a quedar helado.
Él se levantó y se fue con ella hacia la casa. No sentía frío. Miró la esfera del reloj. Tenía los números al revés. ¿Por qué?.
si, cada vez me va encantando mas.
ojala supiera escribir asi, xq seria la primera en seguir el relato.