¿Entonces todo es mentira? ¿Dónde quedaron esas sonrisas
verdaderas, esos secretos para contar y la confianza absoluta? ¿Y las canciones, los mismos gustos? La ropa, todas esas pelotudeces. ¿Realmente es nuestro último año? ¿El último que pasamos como personas unidas de verdad? Porque a mí me parece que ya perdimos más de la mitad de lo que teníamos chicas. Se fue todo, todo a la mierda porque además de que pasan cosas y estamos en la adolescencia, hacemos y decidimos cosas que están bien y que están mal. Y verdaderamente, es una
mierda. Porque me siento una mierda, porque todo se volvió mierda. Porque nos fuimos a la mierda. Cada una por su lado. Entonces ¿todas las salidas son mentira? ¿A quién se supone que le cuente mis cosas, le pida consejos y le pida que me escuche sin decir nada? O un abrazo. Qué mierda.
Es una exclusión total de su propio mundo, donde el centro es nada más ni nada menos que la reina misma. La reina envenenada. Es como la manzana de Blancanieves, pensás que no puede haber nada más sano e inofensivo; pero cuando tragás el veneno, tarde te das cuenta de que vas a morir ahogado en tu propia saliva. Porque ella -si, más precisamente ella- se babea por la reina. Y a la reina le encanta. Se regodea en su nulo imperio, donde todas las figuras son casi invisibles como ella; donde todo lo que quiere se le da sin dudar o quejarse. Se ahoga en una falsa belleza y una gran inteligencia. Pero lo más importante, y va bien argentino: se caga en los demás. Mató a su súbdita lentamente, arrancándole su realidad e incluyéndola en su mundo, donde la perfección flota en el aire y ahoga. Insoportablemente, las personas que están en el límite del reino sufren las consecuencias de la gran reina, aquella que se muestra tan gentil y buena pero por dentro no tiene nada más que vacío. Vacío, y una oscuridad interminable, que nunca va a poder iluminar REALMENTE.
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