6/18/09
La salud y una dieta sin carne.
El comer comienza por las manos y la boca. La dentadura humana, al igual que la de las criaturas herbívoras, se encuentra diseñada para triturar y masticar materia vegetal, carece de los agudos colmillos para desgarrar la carne que son característicos de los carnívoros. Los animales que comen carne, por lo general tragan sin masticar su alimento, no necesitan de molares o de una mandíbula capaz de moverse lateralmente. La mano humana, carente de uñas afiladas y con su pulgar oponente es mucho mas apta para la recolección de frutas y vegetales que para matar a una presa.
La digestión de la carne.
Una vez dentro del estomago, la carne necesita de jugos gástricos con una elevada concentración de acido clorhídrico. El estomago del ser humano y de los no carnívoros, produce acido con una concentración veinte veces menor que el que se encuentra en los carnívoros.
Un trozo de carne es tan solo un pedazo de cadáver, y su putrefacción crea deshechos venenosos dentro del cuerpo, y la carne tiene que ser rápidamente eliminada. Por eso, los carnívoros poseen tubos digestivos cuya longitud es de únicamente tres veces la longitud de sus cuerpos. El hombre, al igual que otros animales que no comen carne, tiene un tubo digestivo que es doce veces la longitud de su cuerpo, retiene adentro de su organismo demasiado tiempo la carne, la cual se pudre o descompone rápidamente, produciendo un sinnúmero de efectos tóxicos indeseables.
Las sustancias químicas peligrosas presentes en la carne.
Los animales son mantenidos vivos y engordados mediante continua administración de tranquilizantes, hormonas, antibióticos y 2700 drogas mas. El proceso comienza incluso antes del nacimiento y continúa mucho después de la muerte. Y aunque estas drogas se encuentran aun presentes en la carne cuando usted la come, la ley no obliga a que deban enumerarse en la etiqueta del producto.
El nitrato de sodio y el nitrito de sodio, dos compuestos químicos usados como preservantes para retardar la putrefacción en las carnes curadas y los derivados de la carne, son también peligrosos para la salud. Estos compuestos químicos dan a la carne su apariencia sonrosada, reaccionando con los pigmentos de la carne y los músculos. Sin ellos, el color marrón grisáceo de la carne muerta desanimaría a muchos posibles compradores.
Estas sustancias químicas no distinguen entre la sangre de un cadáver y la de un ser humano vivo, y muchas personas sujetas accidentalmente a excesivas cantidades han muerto por envenenamiento. Incluso cantidades menores han probado ser dañinas. Ente la cantidad de nitrato que es segura y la que puede ser peligrosa únicamente existe un pequeño margen de seguridad.
Debido a las asquerosas condiciones de acorralamiento y aglomeración a que los animales son sometidos por parte de la industria de la carne, tienen que usarse vastas cantidades de antibióticos. Pero semejante uso corriente y desmedido de antibióticos naturalmente crea bacterias resistentes a dichos antibióticos, las cuales pasan a quienes consumen carne.
El trauma de ser masacrados también le agrega a la carne “los venenos del dolor” (como la adrenalina). Esta, unida a los deshechos no eliminados de la sangre del animal, tales como la urea y el acido úrico, contaminan aun mas la carne.
La carne es portadora de enfermedades de los propios animales. Apretujados en condiciones antihigiénicas, alimentados a la fuerza e inhumanamente tratados, los animales destinados al matadero contraen muchas mas enfermedades que lo ordinario.
La nutrición sin carne.
La mención del vegetarianismo provoca una reacción fácil de predecir: “¿y de donde obtendremos las proteínas?”. El vegetariano podría contestar: “¿y de donde las obtienen el elefante, el toro y el rinoceronte?”. Ambas ideas, la de que la carne tiene el monopolio de proteínas y la de que se necesitan grandes cantidades de proteínas para obtener fuerza y energía son mitos. Al ser digeridas, la mayoría de las proteínas de disgregan o descomponen en sus aminoácidos constituyentes, los cuales son reconvertidos y usados por el cuerpo para el crecimiento y reemplazo de tejidos. De estos veintidós aminoácidos, todos, a excepción de ocho, son sintetizados por el cuerpo mismo, y esos ocho “aminoácidos esenciales” existen en abundancia en alimentos que no son precisamente la carne. Los productos de consumo diario, los granos o los cereales, los porotos de todo tipo o leguminosas y las nueces son todos fuentes concentradas de proteínas. El queso, el maní y las lentejas, contienen mas proteínas por kilogramo que la hamburguesa, el cerdo o el bife.
Aunque una cantidad insuficiente o inadecuada de proteínas produce la pérdida de fuerza, el exceso de proteínas no puede ser utilizado por el cuerpo; mas bien se convierte en desechos nitrogenados que sobrecargan los riñones. La fuente primaria de energía para el cuerpo la constituyen los carbohidratos. El excesivo
. El excesivo consumo de proteínas reduce la capacidad energética del cuerpo.
II. El costo oculto de la carne.
Una dieta de granos, verduras, hortalizas, leguminosas y porotos de todo tipo, sustentara veinte veces mas personas que una dieta basada en la carne. Si las tierras cultivables del planeta se utilizaran principalmente en la producción de alimentos vegetarianos, la tierra fácilmente podría mantener una población de 20 millones o más.
El consumo excesivo de carne por parte del rico significa hambre para el pobre. Esta agricultura derrochadora debe ser cambiada mediante la supresión del a cuota de granos alimenticios con los que se engorda al ganado, e incluso con la reducción masiva de ganado vacuno.
[u] Las vacas vivas son un patrimonio económico.
Una vaca viva proporciona mas alimento que una vaca muerta, ya que viva constituye un suministro continuo de leche, mantequilla, yogur y otros alimentos.