11/1/09
No quieres borrar a alguien de golpe de tu vida, entre otras cosas porque está presente en toda y cada una de las cosas que te rodean.
Desde la foto que tienes en la cartera que cayó en tus manos por casualidad, el colgante que te trajo de un viaje, la llave del candado del puente de Roma que cuelga de tu llavero, la sudadera que te regaló cuando un día entre los dos decidisteis que atracaríais las tiendas pero casi os fuisteis con las manos vacías, el libro que te regaló por un san Valentín y las líneas que tanto le costó escribir y que te gustaría que hoy siguiesen vigentes. La cama donde tantas veces habéis estado juntos, las fotos de vuestro último viaje y de las escapadas fugaces a otras ciudades, las entradas de tantos sitios a los que fuisteis haciendo cosas de viejos, los monólogos y museos, los vistos y los que aún pensabas que veríais juntos, vuestras canciones, aquellas que cantabais mientras ibais en el coche, intentando desafinar.
Después te viene a la mente momentos que habéis vivido y otros que pese a rutinarios tal vez no se volverán a repetir. Aquel viaje a la cuneta, idas y venidas a Madrid, Roma, Bilbao, rutas a pie acompañadas de una buena comida o días de campo, vueltas a la capital un domingo por la tarde y llegada el viernes, cenas para celebrar el nuevo trabajo, última asignatura aprobada o un cumpleaños, o cenar por cenar aderezado con una copa de vino, sin importar cual. Partidas de billar sin instrucciones, de trivial, noches de cine y tardes de película.
Incluso ahora recuerdas momentos que creías haber olvidado, escapada a Hervás para buscar una cazadora que no apareció, una presentación familiar forzada, grandes (aunque pequeños) artistas del monólogo y espectáculos de magia en primera fila.
Toque y bajo, ruido del coche y ponerse un poco más contenta era todo uno, ¿ qué hacemos?, ¿ qué más da?, bares fichados por sus pinchos, siempre hay algo en Salamanca, ¿no?, tardes de chocolate con churros y primeras noches de fiesta.
La forma de conocerse y las casualidades, las llamadas a un taxi que no era tal, casetas y mas casetas en una Salamanca en fiestas, primeras conversaciones, llamadas y correos, y poco a poco saber que esa persona está ahí para todo y por todo. Pintar una habitación entre los dos, jugar a decorarla, hacer intención de pintar un cuadro juntos y quedarnos solo en la intención, comprar un décimo de lotería pensando que la suerte toca, perder unas llaves en otra ciudad e improvisar la noche allí; saber con quién contar y con quien quieres contar.
Al fin y al cabo es bonito saber que se ha vivido intensamente el tiempo compartido con una persona.
ay!