Una mujer en tu vida
7/1/09
Y lo besa de nuevo, con dulzura. Besos tiernos de complicidad, besos de sabor diverso, como un vino envejecido y profundo; por esa razón, denso, ligeramente especiado, con aromas que recuerdan a la vainilla y a la madera, persistente, cálido. Besos que descienden hacia donde ya se encaminan sus dedos, hacia el borde de las bragas de ella, que siente un escalofrío y sonríe y echa la cabeza hacia atrás y dice:
- Apaga la luz...
- No. Quiero verte.
Y entonces ella se tapa la cabeza con las sábanas, riéndose, desaparece debajo y le da un pequeño mordisco a través del pijama, tierno, suave, sensual. Y algo sucede. Y en un momento pierden el sentido del tiempo transcurrido y VUELVEN A SER NIÑOS.