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2 de la mañana. Llevo media hora en la cama pensando, redactando mentalmente lo que ahora, querido lector, estás leyendo. Será cuestión de intentar plasmarlo con la mayor exactitud posible.
Jamás me había pasado algo así. Pensando, pensando, de repente me he encontrado con una indescriptible necesidad de dejar escrito todo lo que estaba pasando por mi cabeza. Todo esto mientras intentaba conciliar el sueño.
Esta tarde he vuelto a contar la historia, y tengo la sensación de que no será la última vez. La historia que explica el fin de un bonito cuento. Son muy curiosas las sensaciones que me producen explicar esta historia, y creedme, puedo hablar con conocimiento de causa, pues ya la habré contado unas diez veces. ¡¡¡Diez veces!!! Jamás pensé que tendría que repetir tantas veces lo mismo, para un público tan variado (entiéndase por público la persona o, a lo sumo, las dos personas que me escuchaban en cada relato a la vez). Cuando la conté por primera vez la historia aún estaba por terminar, aunque solo faltaran un par de breves episodios con poco contenido. Fue duro. Muy duro. Terriblemente duro. Había que recapitular, poner las cosas en orden, intentar explicarlo todo sin tapujos y de una forma que todo tuviera sentido. No podía decir las cosas tal y como iban apareciendo en mi cabeza, pues la persona que me escuchaba y consolaba no habría entendido absolutamente nada. Me costó un esfuerzo terrible, pero creo que no escatimé ni un detalle de los motivos que me habían llevado a esa situación; la verdad sin tapujos.
Un par de días después la historia terminó de forma definitiva. El principio del fin, el fin del principio. Sabía que había varias personas a las que respondería con casi todo lujo de detalles a la pregunta "¿qué ha pasado?". Lo sabía porque era perfectamente consciente de que había gente a mi alrededor realmente preocupada por mí y que merecían esa explicación. Las primeras veces me costó contarlo, no por un tema emocional sino porque la reconstrucción de los hechos me seguía pareciendo compleja. Luego, con el tiempo, empecé a memorizar mi propio relato casi como si fuera una poesía. Era... impactante. Poco a poco empecé a notar como cada vez era más y más la gente con la que compartía esta historia, quien más quien menos con casi todo lujo de detalles. Si omitía algo era más por pereza que por querer ocultarlo. También las reacciones de la gente eran hasta cierto punto impactantes, pero todas convergían en un punto: podía irme con la cabeza bien alta porque no había absolutamente nada que reprocharme, mi forma de actuar fue la correcta, y ya no había marcha atrás.
Al final, uno saca un par de conclusiones de todo esto: la primera es que si he contado esta historia con tanto gusto tantas veces (y he sido escuchado con igual gusto) es porque hay mucha gente ahí fuera cuya amistad vale su peso en oro y más, lo cual resulta increíblemente reconfortante; y la segunda es que el único sentimiento que debería embriagarme ahora mismo es felicidad: por lo que ha habido (me basta con ver la cantidad de recuerdos que me trae la foto que acompaña este texto), por lo que hay hoy, y por lo que habrá en el futuro.
Hoy, esa chica que es la otra mitad de esta historia estará con otra persona, tal vez ahora mismo esté con él. Esa misma persona que, directa o indirectamente, provocó el fin de lo nuestro y me convirtió de repente en un segundo plato, o para ser más exactos, en un aperitivo a la espera del primer plato. Un aperitivo muy rico, sí, pero un aperitivo al fin y al cabo. Hoy lo veo muy claro, ya no tengo dudas. En su momento escoció horrores, ahora ya lo veo con mucha más frialdad. Todas las dudas se han desvanecido ya, y la verdad es que estoy impresionado por ello. Igual que estoy impresionado por la velocidad a la que se curan mis heridas. Jamás pensé, en caliente, que podría llevar todo esto con tanta dignidad y cordura solo tres semanas después. Supongo que todo lo explicado aquí ayuda. Eso y muchas más cosas, por supuesto. Al final lo que quedará son los buenos momentos vividos, esos momentos inolvidables y que en mayor o menor medida me marcarán para siempre. No vale la pena pensar en lo reprochables que fueron algunas cosas al final, antes y después de dejarlo. Fue bonito, y se acabó. Punto. Y ahora es momento de sacar pecho, de sentirse muy orgulloso de un mismo, que motivos no faltan, y de mirar con alegría al futuro.
Me vuelvo a dormir con una sonrisa de oreja a oreja y mucho más desahogado :)
Mentiria si dijera que estoy de acuerdo, porque hay muchas cosas que.. bueno, que no. Pero da igual.
Me alegro de que te lo estés tomando asi.
Besitos.
No creo que a estas alturas logres convencerme ya de que haya una sola palabra de ese texto que no sea cierta, pero si quieres intentarlo (sé que no lo harás), por favor que no sea aquí :P
PD. ¿Por qué he escrito en castellano cuando llevo años haciéndolo en catalán aquí? Bueno, el hecho de pensar en castellano ha sido bastante decisivo, y el hecho de haberle estado dando vueltas a esto durante un buen rato en la cama, también :P Me daba pereza traducir mis propios pensamientos, la verdad.