Levantando su mirada el dios observó por primera vez el flujo de los seres que incesantemente pululaban por sobre esa tierra infecunda. Pequeñísimos e insignificantes sacrilegios cuyas vidas transcurrían en un parpadear. En el vientre del dios se concibió lentamente la idea, la cual luego sopló a los vientos y arrojó al cielo en un acto de horroroso desdén hacia su primogénito. Incauto, arrancó de su lengua el verbo y lo desmembró en infinidad de retazos esparcidos sobre las aguas. El divino imperpetuo luego convocó al olvido para que nublara los cielos y arremolinara las aguas; los vástagos suyos fueron perdidos, y los diminutos seres encontraron su fin en las filosas garras del dios.
On April 28 2010
Edit