Comer, vivir, morir
7/2/09
Esto ya se acaba! Los exámenes y el buen tiempo definitivamente no son buenos compañeros, pero por suerte -como ya he dicho- estamos en la recta final. Para celebrarlo hagamos lo que más nos gusta: ir al cine. Para ello llega 'Despedidas', de Yojiro Takita... o dicho de otra manera, la gran sorpresa de la última edición de los Oscar.
Daigo Kobayashi, acaba de quedarse sin trabajo. La orquesta de la cual formaba parte acaba de disolverse y por ello se ve obligado a volver al pueblo en el que creció para encontrar un empleo. Allí va a ser contratado por una pequeña empresa que desempeña servicios funerarios. La labor del joven ex-músico será la de vestir a los muertos y arreglarlos en lo que haga falta para que estén listos para empezar su último viaje. Cuando parece que la vida de Daigo puede llegar a estabilizarse, harán acto de presencia los fantasmas del pasado y las rígidas convenciones sociales que satanizan su nueva ocupación.
Cuando todo el mundo creía que ‘Despedidas’ había sido seleccionada entre las cinco finalistas para llevarse el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, simplemente por cumplir con el cupo de cine asiático; cuando todos nos debatíamos entre ‘La clase’ y ‘Vals con Bashir’, apareció el filme de Yojiro Takita e hizo saltar la banca. Ni los frustrantes problemas del sistema educativo francés, ni las lagunas memorísticas de la nación israelita. La Academia acabó decantándose por esta curiosa mezcla entre la vida y la muerte; entre lo cómico y lo trágico.
Aunque más que mezclar géneros, lo que hace Takita es agitarlos de forma sutil, con lo que drama y comedia se transforman en dos líquidos inmiscibles que configuran dos partes casi independientes. Ambas funcionan realmente bien por separado (sobretodo la primera, que es cuando sale a relucir el delicioso y algo gamberro humor de la cinta), y quizás por ello el paso de una etapa a la otra se antoja como un lapso de aclimatación algo torpe. Por suerte también es breve, con lo que el filme no acusa en demasía esta transición.
Lo que sí cabría lamentar es el lirismo exacerbado en algunos tramos -habitual tic nipón- y la abusiva obviedad en la mayoría de metáforas de la cinta -algo ya menos frecuente en el cine asiático-. Entre el violoncelista tocando en colinas impregnadas por pétalos de cerezo (una escena muy bien rodada, eso sí) y las piedras que, más que representar la infancia perdida, representan lo evidente, se pierde desgraciadamente buena parte de la genialidad mostrada en secuencias tan sugerentes como la del rostro borroso del padre renegado. El olvido, el rechazo, la nostalgia, la repulsión... todo ello contenido en una sola imagen. Lección apabullante de síntesis, y de cine.
La tradición frente a lo moderno; el mundo rural frente al urbano; el sensei frente al alumno; el eterno conflicto generacional; la vida contra la muerte. Un dualismo que marca los compases de este atípico viaje iniciático, que tiene como -maravillosa- excusa el homenaje, o la visión cariñosa de una profesión en vías de extinción. Preparar el cuerpo inerte para su viaje al otro mundo es algo hipnótico (y ahí están los títulos finales de crédito para demostrarlo). El concepto del respeto cobra un nuevo sentido al ver al joven Daigo vestir con sumo cuidado a los difuntos. Una forma de ganarse la vida a priori algo conflictiva, pero indudablemente honrada y hermosa.
“Hermosa” sería precisamente el adjetivo más adecuado a la hora de calificar ‘Despedidas’. Con unas acertadas interpretaciones (especialmente las de Masahiro Motoki y Tsutomu Yamazaki), con una banda sonora notable y sobretodo con una experta dirección, Yojiro Takita no acaba de rematar lo que hubiera sido una formidable faena, pero justifica sobradamente el haberse llevado la preciada estatuilla dorada al país del sol naciente.
Good night, and good luck.
Cómo nos gustó en el BAFF eh? fue todo un acierto ir!
Saludos!