Sobre alguien que se fue al otro lado.
12/12/09
El departamento de estadística de la calle Hans Vain, no lo cuenta todo, lo sabe todo. Cuántos zapatos me compro al año: 2,3. Cuántos libros leo al año: 3,2. Y cuántos alumnos aprueban secundaria con sobresaliente al año: 6.347.
Pero hay una cosa que no cuentan, porque incluso a los burócratas les resulta dolorosa: los suicidios.
Si llamas a la calle Hans Vain para preguntar a cuánta gente en todo el país la desesperación llevó al suicidio nuestro oráculo calla, y probablemente apunte tu nombre y apellidos para la seguridad del estado. Esos hombres grises que en nuestro país salvaguardan la seguridad y la felicidad.
En 1977 nuestro país dejó de contar las muertes por suicidio. Los llamaron autoasesinatos, pero no son en absoluto asesinatos, no tienen que ver con el gusto por la sangre ni la pasión desatada, sino con la muerte, la muerte de toda esperanza.
Cuando dejamos de contar hace nueve años, sólo había un país en Europa con mayor índice de suicidios: Hungría. Detrás íbamos nosotros, la tierra del socialismo real.
La vida de los otros.
En Dilgsberg (Neckargemünd) Alemania
xD