Avatar azuleterno_1967

Excitación por mujeres en licras argentinas.

Fetichismo impuro, sucio, delicioso, provocativo. Precisión exacta del deseo carnal en siluetas, y rostros de jóvenes argentinas. Son las apetecidas por sus formas, color, sabor, aromas, sensaciones, tersuras, sorpresas. Mujeres en licras apretadas, uniformadas de voleibolistas la mayor expresión del poder sensual de quien sueña agarrarlas de la cintura poseyéndola como una diosa. La bellezas resaltadas en la tela azul de rayas blancas, y camisetas del mismo tono envuelven de sensualidad, pecado, provocación, alborotos la mentalidad de quien tiende a excitarse con saberlas en esa envoltura, y desnudarlas mientras besamos, acariciamos cada parte de su fisonomía. El fetiche en sí la creación de un compás de sensaciones, locas convulsiones, torturas de psique por desfogar en él todo la carga explosiva sexual entrepiernas. Creciente atracción por caderas ajustadas al short licra sumado a los encantos de semblante, cabellera, porte, pantorrillas, zapatos deportivos blancos embelleciendo presa en movimiento. El fetiche no es la enfermedad que vuelca a perdición. No existe nada más atrayente que una mujer con uniforme de voleibolista que dan ganas de cogerlas, olerles por encima la vagina, meter dedos en el perineo, palpar nalgas, muslos haciendo crecer locura desatada con mirarlas en directo. Las deportista argentinas están en primera fila de las deseadas que no se las compara con las demás por más que sean mejores, en estética lucen maravillosos esos trapos coloridos, y sus posiciones no se quedan atrás. Es una fantasía fetichista escoger un grupo de chicas vestidas de voleibolistas, e ir probándoles, tocándolas, sintiéndolas, oliéndolas, adorándolas, complaciéndolas con besarles sus sexos húmedos.

Sonará puerco, vil, miserable hablar así de una mujer, lo cierto que no quepa que hay un hecho que el fetiche es más fuerte que las fuerzas. Y que no habrá manera de detenerlas si bien haya intentos de frenarlas, y prometer no caer en comportamiento incorrecto. La ilusión no tan limpia: lamerles las vaginas después de haberles olido sus partes por encimas de sus pantalonetas azul marino que identifican a un club de futbol de Buenos Aires. Días sin resistir a tentación irrefrenable de sujetar a la presa, besarla en la boca apasionadamente recorriendo las palmas por su espalda, cintura, mejillas, cabellos, genitales, y tirarla a la cama, abrirles las piernas empezando festín fetichista sin horas de pare. Tragar los fluidos vaginales lamiendo muy al fondo de su sexo, no habiéndola desvestido por completo, el short colgando en sus piernas abiertas, y la lengua aspirando líquidos incoloros. Besara los pies como diosa cayendo sobre su regazo acariciándola fielmente. Sentado sobre su boca abierto de piernas penetrándole la boca a complacerme con una rica mamada. Las argentinas se han convertido en el plato principal de este fetiche. El morbo no es malo si no se lastima a la presas de la fotos expuestas en los blogs temáticos, y en ciertas páginas. Si bien no cae en adicciones delicadísimas, criticables, censurables, condenadas de paso no hay riesgos de parecer enfermo.

El impactante comienzo de esta adicción nació luego de mirar a una ex amiga en blog donde colgó tres fotografías vistiendo uniforme de voleibolista. Ya existía fetiche por mujeres en jean celeste, y blusas escotadas mas se sumó a este objetivo las licras azules de franjas blancas, y una V sobre el dorso de camiseta. Las piernas resaltaban ceñidas por el short queriendo acariciarlas, y sobre todo oler vagina humedecida por calor apretada por licra. Y más si bandana cubría sus cabellos negros. La locura por chicas en uniformes de voleibolista ha ido creciendo a medida de que se ha visto muchas en trapos ligeros. No vacilara besarles el culo, y lamerles la concha mojada sin que se quite del todo el short que tanto estímulo genera en el pene, y en el cerebro. Lo más excitante que se peleen por chupar “leche” del hombre que las quiere en un harén bendito, maldecido por las provocaciones. La ex amiga que solía vestir el conjunto del Vélez haría sentir orgasmos a punta de lengua, manoseos, toqueteos, obscenidades. Si es lesbiana con rasgos muy femeninos, o bisexual con más placer hacerles lo que se me ocurra. No estuviese mal una orgía con machorras bonaerenses. Su nombre es ya una excitación. Las prendas de estas mujeres despiertan el fuego de la pasión. Letizzia en su época fue la preciada obsesión por su osadía de lucir licra exageradamente ajustada a las caderas, no había día que no deseara acostarme con ella. Sobresalían sus largas piernas. El talante por sí solo decía mucho. Practicaba indorfútbol. La ropa holgada revestía sensualidad sus curvas. La masturbación escape de calentura desinhibida. Una pena no haberla tocado si hubo tiempo suficiente de acometer en su virginidad. En su sexo. Le haría asentado perfectamente el uniforme.


Vicente Arroyo.

Foto fuente: http://lamujereneldeporte.blogspot.com/2010/04/crece-la-dinastica-rangel.html







On February 05 2011 5588 Views





Tag - Hair
Loading ...