manonthemoon
12/17/08
Pedro Luna
lo arrastramos hasta el Valle de sí mismo, que quedaba en el baño de las chicas
-el olor a pis siempre, como en otros lados las rosas, la carne cocida o el sudor pegado en las costuras de los trajes-
de las piernas, al pobre Pedro Luna, con su cara de inmigrante polaco y su pelo de cuervo viejo,
una pierna cada una, tirando, y la cabeza de Luna arrastrada por el suelo pero erguida, sonriendo sin defenderse porque Pedro
nunca
se
iba
a
defender
de nada,
arrastrado a la garganta de la intimidad de las chicas,
echado a la boca de la leona,
el guardapolvo embarrado y la sonrisa limpia,
y cuando ya adentro
las dos desabrochándole los botones del delantal, de la camisa de viejo prematuro -celeste oficina de padre-
para dejarlo pelado, en cuero rosa, con las tetillas orbitándole el pecho liso y la risa todavía troquelándole la cara,
pero con un poco de miedo, sí, ese gesto al final de la boca,
y la otra pellizcándole el torso, fascinada y repugnada de su propio deseo inexplicable,
el mismo que con las muñecas viejas, cierto sadismo y ganas de romper y acariciar,
y Pedro Luna dejándose pellizcar sin llorar, a lo sumo un hipo o una gota cayéndole del ojo directo al suelo del baño de las chicas,
el valle de las chicas,
el suyo también, Rey del Valle, Rey arrastrado,
y la avidez de la otra se me contagia
y me arrodillo frente al rey caido, sobre el delantal bandera manchada,
y le beso las costillas,
le muerdo los hombros y lloro sobre el pelo de cuervo viejo,
sobre la nariz polaca y lo abrazo
y lo acuno,
como a las muñecas viejas, después del frenesí.
Saludos desde PolyesterLand