7/5/09
Era siempre yo y mi vida, yo con mi vida frente a la vida de los otros.
Pero lo mismo estaba bastante orgulloso de ser un vago consciente y por debajo de lunas y lunas, de incontables peripecias y mis enfermedades morales.
Entonces no habia desorden, entonces el mundo seguia siendo algo petrificado y establecido, un juego de elementos girando en sus goznes, una madeja de calles y árboles y nombres y mesas. No habia un desorden que abriera puertas al rescate, habia solamente suciedad.
Demasiado tarde, siempre, la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.