7/21/09
Diez años después.
-Olvídalo, aquello pasó y no tiene nada que ver con una amistad que podamos empezar, si es que volvemos a vernos.
-Te cito para el domingo en mi casa, ¿te parece bien? Así almorzarás con nosotros. Isabel y Pedro siguen trabajando para mí, y ella cocina de maravilla.
-De acuerdo. Iré a saludar a Teo. No puedo olvidar cuando nos casó. Tal vez no quiera saber nada de mí, puesto que fui la que rompió aquella relación.
-Teo es un jesuita muy comprensivo. No te hará ningún reproche.
-Pues me despido de ti, Lucas. Tengo mucho que hacer.
Se dieron la mano y Lucas apretó los dedos: parecía que le enviaba un mensaje, pero Ashley no quería recibirlo. El pasado había muerto hacía mucho tiempo, aunque recordaba a Lucas con frecuencia.
Por la noche, cuando llegó a su casa, tomó un álbum de fotos. Empezó a pasar las hojas… Era muy joven, tenía solo 17 años cuando se casó con Lucas. Él tenía 23. Sexualmente nunca había encontrado un compañero como Lucas, pero resultaba insoportable, con aquella manía de que no estudiase, de que se convirtiera en una mujer de su casa, madre de muchos hijos. Fue una época bonita, una luna de miel inolvidable… Lucas la hizo mujer. Aprendió con él todo sobre el amor y la pasión.
El encuentro le producía cierto pesar. ¿Volver a empezar? No. Había tenido otro compañero en su vida y no fue feliz. En cambio, con Lucas sí lo había sido. El poco tiempo que fue, hacía 10 años. Ella ahora tenía 27, y él, 33.
Aquel domingo se levantó decidida. No había vuelto a ver a Daniel, pero acudiría a su cita. Subió a su auto. Tenía la dirección, era un pueblecito en las afueras; además, había estado en aquella casa antes. Cuando dejo Gijón y tomó la autopista para ir a Deva, iba pensando en lo que diría Teo después de tanto tiempo. Los había casado él, había sido todo muy bonito, también estaba su padre, que fue padrino de su boda. Si le hubiera hecho caso a su padre, jamás se hubiera casado tan pronto, aunque siempre sería con Lucas, si él la hubiera esperado. Lo había conocido en Madrid, en una de esas fiestas familiares que a veces hacen los amigos. Era un grupo grande y allí estaba Lucas, alto y firme, muy bien vestido, con la ropa que revelaba su clase. Le llamó la atención nada más verlo y él también se fijó en ella. Al día siguiente la llamó por teléfono y así empezó una relación que molestó mucho a don Pedro, su padre, pero que no consiguió con consejos ni recomendaciones hacerla olvidar.
Su padre solía decirle:
-Cuando madures, me parece bien, pero ahora eres solo una niña. ¿Cómo puedes saber lo que es el amor?
Lo sabía, porque Lucas se lo había enseñado. Y lo había amado mucho.
De repente, detuvo el auto ante un edificio con altos muros. Casi enseguida se abrió la puerta. Reconoció al marido de Isabel. El criado la miró sonriente.
-¡Señorita, cuánto tiempo sin verla!
-Hola, ¿cómo anda tu mujer?
-Bien, señorita, Isabel está haciendo la comida. Puede estacionarse allá.
De pie, junto a su automóvil, se quedo admirando la casa.
Ashley vestía pantalones blancos y una blusa escotada negra. Le gustaba el contraste.
aaaaaaaaaaaaaamo la nove.