7/12/09
. 100 “Tú… mi único amor.”
Con mis manos tome los dos extremos de su camisa y la aferre a mi pecho. Sentía su suavidad y seguía aspirando ese magnífico olor que desprendía. Camine en la misma posición hasta la habitación de Melanie y sonreí ante aquella bella y suave música que a esta hora sonaba en su cuarto. Entré y la vi.
Aun se encontraba dormida. Me acerque a su cuna y apoye mis manos en el barandal de madera viendo como en sueños movía sus brazos por todo el edredón debajo de ella. Sonreí antes de alzarla y poder acurrucarla conmigo. Era cuestión de caminar unos pasos para poder alcanzar el sofá que adornaba su habitación, me senté en ese lugar y comencé a susurrar una canción que concordaba con la música.
Acompañaba mi voz con un suave movimiento en el que la acunaba en mis brazos. Cruce mis piernas y pude acomodarla finalmente.
Era impresionante la similitud que tenía con Lucas. La forma de sus cejas y ojos eran exactamente iguales. Sus pómulos eran casi como los míos, pero tenían algo de él sin duda. La forma de sus labios e inclusive el rostro completo eran como él.
Repentinamente, sus ojos se abrieron. Aquel hermoso color que poseían gracias a Lucas brillaba con una pequeña sonrisa formada en su cara.
-Hola, mi amor –susurre sonriéndole.
La dulce risa de mi hija se escucho ligeramente. Dentro no se oía más que la música y ella. Sin embargo no paso mucho tiempo para que unos pasos se escucharan caminar por los azulejos del pasillo. Levante la mirada y sonreí al ver de quien provenían esos sonidos. Lucas.
-¿Necesitas ayuda? –me dijo en un tono dulce.
Debido a que yo traía su camisa, él solo había podido ponerse sus pantalones. Mis ojos recorrieron todo su abdomen lentamente; «si de mí dependiera, él podría quedarse todo el tiempo de esa manera» Sacudí mi cabeza con discreción y respire profundamente antes de responderle.
-No, gracias –sonreí- pero puedes quedarte, si tu quieres.
-Me encantaría –contesto Lucas.
Se acerco hasta donde yo me encontraba sentada e hizo lo mismo de mi lado. Note como sus ojos no dejaban de ver a Melanie, además, ella tampoco dejaba de verlo. Como toda bebe, la curiosidad era su punto débil. Para ella, Lucas aun era un extraño.
-¿Quieres cargarla? –no dude en preguntarle. A pesar de que la timidez se escapara con mis palabras.
-¿De… verdad?
Reí ligeramente ante su pregunta y solo me limite a asentir con mi cabeza. Me puse de pie frente a él y con mucho cuidado coloque a Melanie en sus brazos. Él, como todo “padre primerizo” «una extraña sensación invadió mi cuerpo» no dejaba de moverse conmigo con precaución; asegurándose de que por ningún motivo la niña se cayera.
-Tranquilo, Lucas –le susurre mirándolo directamente- relájate.
Él clavo su mirada en mí y sonrió. Inmediatamente hizo lo que le pedí y Melanie en cuestión de segundos ya se encontraba sobre sus brazos, acomodada y con su característica risita haciendo eco en la habitación.
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AY QE LINDA TU NOVE LA AMO