12/23/09
Capítulo —2—
Sobre mí no había mucho que contar. A pesar de aquellos comentarios hacia Lucas yo seguía secretamente enamorada de él. Cada día me sentaba en el mismo lugar de la mesa, sólo para mirarlo y deleitarme un rato con su imagen. Jamás habíamos hablado, es decir, no como dos personas que buscan una amistad. La única vez que entable una “sana” conversación con él, fue cuando el maestro de Física nos hizo equipo. Dos días duró aquello y después, nada. Él se olvido de mí y continúo con su rutina: llegar, enloquecer a las chicas que lo vieran, entrar a clase e ir a la cafetería. Eso era lo que él hacía. No mucho, ¿cierto?
Antes, todas las noches solía quedarme horas despierta tratando de buscar alguna excusa para poder hablarle. O en todo caso, una respuesta al por qué de mi timidez. Era un humano como yo, tenía sentimientos y quizás también él podía sentir la vergüenza que a mí me carcomía cada vez que lo miraba. Pero a quien quería engañar… nunca podría tener siquiera algún término cerca de la palabra “amistad” o “amigos”. Ahora, todo era diferente. Dormía tranquila y me levantaba de la misma manera. Había decidido dejar a un lado ese tema y concentrarme más en mis clases y calificaciones, las cuales mes con mes debía enviar a mis padres en Suiza.
Y sí. Yo vivía sola. Vanessa me había ayudado a superar un poco todo eso de la mudanza ya que yo solía ser muy apegada a mi madre, pero con la separación que ella tuvo que pasar y el nuevo novio que se consiguió, debió de irse sin mí. Por eso, y más razones sentía un gran odio hacia mi “padrastro.” Ni siquiera sabía porque debía llamarlo así, para mí, él no era más que solo el causante del divorcio de mis padres.
Hubo un lapso de tiempo en el que eso, se junto con el amor —no correspondido— que yo sentía hacia Lucas. Intente incluso quitarme la vida con grandes dosis de pastillas tomadas. No una, ni dos… sino tres veces me tuvieron que internar en el hospital por eso. Mi madre nunca supo. Quienes se encargaban de llevarme eran mis amigos. Ellos eran como mi familia.
En cuanto al amor no hay tampoco mucho que contar. Mi último noviazgo fue un asqueroso desastre, por lo cual no intenté tener alguna otra relación en mucho tiempo. Así me gustaba más. Sin sufrimientos ni preocupaciones.
Ahora, les contaré como es un día en mi vida…
6:30 de la mañana, mi teléfono suena. La suave voz de Ness me despierta, tal y como una buena madre lo hace. Hacía tiempo yo le había pedido de favor que me llamara todos los días ya que no estaba muy acostumbrada a levantarme por mi misma; después, un reloj despertador se convirtió en el nuevo sustituto de la voz maternal que solía escuchar cada día.
Unos jeans con mi blusa blanca favorita. No hacía calor ni frío, pero aún así en el auto siempre cargaba con un suéter de color negro por si lo necesitaba. Una manzana en el tope del canasto sobre mi mesa principal era el desayuno. Jamás lo hacía dentro de mi casa. Regularmente lo que hacía era traerla conmigo hasta el colegio, y ahí comérmela entre las clases.
7:20 de la mañana. Siempre había notado como un precioso Mercedes negro se estacionaba justo alado de mi auto. Claro, el de Lucas. Solía bajarse con esa elegancia que portaba naturalmente, y para ese momento… al menos cuatro chicas lo esperaban para saludarlo. Yo, tenía que esperarme a que ellas se alejaran para que pudiera pasar, era muy reducido el espacio que teníamos para estacionar los autos… más aún si las “arpías” se quedaban de pie como postes de luz, esperándolo. A pesar de todo esto, él era un chico simpático. Cuando me notaba, él mismo era quien decía “Buenos días” con aquella deslumbrante sonrisa… era el momento en el que yo me sentía chiquitita a su lado. Me limitaba a sonreírle, y devolverle el saludo antes de salir tan rápido como podía ir —con discreción por supuesto—. En la puerta, Ness me esperaba con su mano entrelazada a la de su novio, Zac. Ambos sonrientes.
Gracias por los comentarios♥
ash ash!!!
amo a ash!
aww escribes nove?
coool!!!!!
vas a ff!!
oviamente!
cuidate!
xx!