8/31/09
Mi cámara ha muerto. Más bien se diría que ha sido asesinada involuntariamente por su imprudente dueño. Después de tantos años juntos no se merecía un final así. Cierto es que he estado apunto de perderla en innumerables ocasiones, en algunos casos la he llegado a tener vagando por el mundo escondida bajo el asiento de algún coche, a modo de polizón, o descansando en casas ajenas durante días y días. Lo cierto es que todo se acaba, y teniendo en cuenta la poca longevidad de los aparatejos tecnológicos, mi cámara ha sobrevivido milagrosamente lo suyo.
Como homenaje, su última foto.
Descanse en paz