7/11/09
Y entonces desarrollose en mí, para mi postrera e irrevocable caída, el espíritu de la perversidad. Tan seguro como existe mi alma, yo creo que la perversidad es uno de los primitivos impulsos del corazón humano; una de las facultades o sentimientos elementales que dirigen al carácter del hombre. El deseo ardiente, insondable del alma de atormentarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza.
Puedes esconder tu rostro del primero, del último y del siguiente fogonazo de luz, pero tu pensamiento es el juez y el espejo.