7/7/09
Hoy lo he vuelto a ver pasar por mi ventana. Tan callado como siempre, tan a esperas de que ocurra algo. Pero hoy es diferente a otras veces. Hoy ha mirado hacia arriba, por suerte que el cristal estaba cerrado y no me ha pillado espiándole entre las sombras. Si él supiera.
Creo que, como yo, también está buscando algo, pero no lo encuentra. Quizá esté en otra calle y en otro número. La verdad, siempre lo he pensado, un bloque cinco en la calle “Mediosdías” no es un buen sitio para buscar, ni perder nada. Claro que a esperas de encontrar, puede estar en cualquier sitio.
Se va, por la calle de siempre. Tiene andares galantes, de bohemio, de coleccionista de figuras en miniatura colocadas maniáticamente por alturas en una estantería con baldas de cristal, de hombre de teatro y libros amontonados en una gran columna, al lado de la mesita de noche, de persona que huele a jazmín y canela, a fresas con nata o a invierno con mar, lluvia y calles mojadas.
Levanto la mano para decir adiós. Una vez más, se despide de ti la princesa del castillo enjaulado, la princesa sin voz, sin esperanza, con muchos sueños por cumplir, que busca algo, quizás a ti. Una vez más un beso real que se pierde en el cristal y que nunca llega a ti.
El sofá me espera, el programa de los domingos que me ayuda a dormir, cierro los ojos, una vez más.
Algo suena, es la puerta. Abro un ojo y miro, nada. Otro ruido, y en la misma dirección. Un papel blanco por debajo de la puerta. Debería ir corriendo a buscarlo. Inspiro, espero. La sombra de unos zapatos se aleja. Me levanto.
“Esperaba que hoy al fin bajaras. Estuve esperando”
Huele a jazmín, canela, a fresas con nata, a invierno con mar, lluvia y calles mojadas, a soldaditos de plomo, a teatro, a libros usados, a elegancia, sencillez, a paz, a persona que busca algo y… lo encuentra.