-Yo pienso que no son tan inútiles las noches que te di.
Te marchas ¿y qué? yo no intento discutírtelo, lo sabes y lo sé.
Al menos quédate sólo esta noche,
prometo no tocarte, estás segura,
tal vez es que me voy sintiendo solo,
porque conozco esa sonrisa, tan definitiva,
tu sonrisa que a mí mismo me abrió tu paraíso.
¿Por qué esta vez agachas la mirada?
me pides que sigamos siendo amigos.
¿Amigos para qué? ¡Maldita sea!
A un amigo lo perdono, pero a tí te amo,