La poesia de mi padre a su hija
9/18/08
Amanda
Su sonrisa le salva
de la paz que no haya;
en las nubes
ni en su cabeza de jazmín.
Ella desafía al himno
y a la vergüenza,
a la respuesta correcta
y a la soledad aceptada.
No necesita alas;
ni le importa el ascenso,
si no abrir la puerta de par en par
y salir ilesa de la impaciencia.
No estará sola en el miedo,
ni en las turbias aguas de las arrugas;
le ayudaré -y ayudaremos-
para que nadie ocupe su lugar.
Por ti me enfado;
cuando esto no sea posible
y a la niña que adoro la venza la miopía
y los reveses de la victoria.
Camina tierra adentro con tu corazón,
apóyate en mi hombro
-como cuando regresabas de la escuela-
y sigue la dirección del viento.
Fermin Chueco