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LA INSURRECCION QUE VIENE (V)
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LA INSURRECCION QUE VIENE (V)

7/5/09
QUINTO CIRCULO

“MENOS BIENES, MAS VINCULOS”

Treinta años de paro masivo, de “crisis”, de crecimiento engañoso y
todavía se nos quiere hacer creer en la economía. Treinta años
subrayados, bien es cierto, por algunos entreactos ilusionantes: el
entreacto 1981?83, ilusión por que un gobierno de izquierda pudiese
traer la felicidad al pueblo; el entreacto de los años fric (1986?89), en
el que todos nos íbamos a hacer ricos, hombres de negocios y
corredores de bolsa; el entreacto Internet (1998?2001), donde todos
encontraríamos un empleo virtual a fuerza de estar conectados,
donde la Francia multicolor y una, multicultural y cultivada, ganaría
todas las copas del mundo. Pero, en eso, se han gastado todas
nuestras reservas de ilusión, se ha tocado fondo, estamos secos si no
al descubierto.
A la fuerza se ha comprendido esto: no es la economía la que está
en crisis, es la economía quien es la crisis; no es el trabajo lo que falta,
es el trabajo lo que está de más; bien pensado, no es la crisis sino el
crecimiento lo que nos deprime. Es preciso reconocerlo: la letanía de
las cotizaciones bursátiles no nos es más cercana que una misa en
latín. Felizmente para nosotros, somos una cierta cantidad los que
hemos llegado a esta conclusión. No hablamos de todos los que viven
de estafas diversas, de tráficos de cualquier género o están en el RMI
desde hace diez años. De todos los que no alcanzan a identificarse
más con su curro y se reservan para sus diversiones. De todos los
colocados, todos los enchufados, los que hacen el mínimo, pero son
un máximo. De todos a los que hiere esta extraña indiferencia masiva,
que viene a acentuar más todavía el ejemplo de los jubilados y la
cínica sobreexplotación de una mano de obra flexibilizada. No
hablamos de ellos porque, de una u otra manera, debemos alcanzar
una conclusión parecida.
Aquello de lo que hablamos es de todos los países, de continentes
enteros que han perdido la fe económica tras haber visto pasar con
pérdidas y fracasos los Boeing del FMI, por haber probado un poco
del Banco mundial. Nada, allí, de esta crisis de vocaciones que sufre
indolentemente, en Occidente, la economía. Aquello de lo que se trata
en Guinea, en Rusia, en Argentina, en Bolivia es de un duradero Y
violento descrédito de esta religión y de su clero. “¿Qué hacen mil
economistas del FMI viviendo en el fondo del mar? ? Un buen
principio”, se bromea en el Banco mundial. Un chiste ruso: “Dos
economistas se encuentran. Uno pregunta al otro: “¿Sabes qué pasa?”
y el otro responde: “Escucha, te lo voy a explicar.” “No, no, contesta el
primero, explicarlo no es difícil, yo también soy economista. No, lo
que te pregunto es: ¿es esto lo que comprendes?”. El propio clero
finge entrar en disidencia y criticar el dogma. La última corriente un
poco vital de la pretendida “ciencia económica” – corriente que se
llama sin humor la “economía no autista” – se propone, en adelante,
demostrar las usurpaciones, las jugarretas, los índices adulterados
de una ciencia cuyo único papel tangible es agitar el ostensorio en
torno a las elucubraciones dominantes, rodear de liturgia sus
llamadas a la sumisión y, en fin, como siempre han hecho las
religiones, proporcionar las explicaciones. Pues la desgracia general
deja de ser soportable desde que se muestra como lo que es: sin
causa ni razón.
El dinero no es respetado en ninguna parte, ni por los que lo tienen
ni por los que carecen de él. El veinte por ciento de los jóvenes
alemanes, cuando se les pregunta qué quieren hacer en el futuro,
responden “artista”. El trabajo no se soporta como un don de la
condición humana. La contabilidad de las empresas confiesa que
desconoce de dónde surge el valor. La mala fama del mercado habría
sido la razón tras un buen decenio, sin la pasión y los amplios medios
de sus apólogos. El progreso llegado a todas partes, según el sentido
común, es sinónimo de desastre. Todo huye en el mundo de la
economía, como todo huía en la URSS durante la época de Andropov.
El que esté un poco interesado sobre los últimos años de la URSS
percibirá sin esfuerzo en todas las llamadas al voluntarismo de
nuestros dirigentes, en todas las intuiciones sobre un futuro del que
se ha perdido la pista, en todas las profesiones de fe en “la reforma”
de todo, no importa de qué, los primeros crujidos en la estructura del
Muro. El hundimiento del bloque socialista no consagró el triunfo del
capitalismo sino que solamente demostró la quiebra de una de sus
formas. Por otra parte, la muerte de la URSS no fue la consecuencia
de una revuelta popular sino de una nomenklatura en reconversión.
Proclamando el fin del socialismo, una parte de la clase dirigente se
ha emancipado de todas las tareas anacrónicas que la unían a su
pueblo. Ha tomado el control privado de lo que ya controlaba, pero en
nombre de todos. “Puesto que ponen cara de pagarnos, pongamos
cara de trabajar”, se decía en las fábricas. “Si esto

Guestbook Comments (6)

no se sostuviese,
¡dejamos de fingir!”, respondió la oligarquía. Para unos, las materias
primas, las infraestructuras industriales, el complejo militarindustrial,
los bancos, las salas de fiesta y para los otros, la miseria o
la emigración. Como no se creía más en la URSS bajo Andropov, hoy
en día no se cree más en Francia en las reuniones, en los talleres, en
las oficinas. “Si esto no se sostuviese”, responden patronos y
gobernantes, que no se toman la molestia de aducir “las duras leyes
de la economía”, trasladan una fábrica de noche para anunciar su
cierre al personal a la mañana siguiente y no vacilan en enviar el
GIGN para detener una huelga – como se hizo en la de SNCM o
durante la ocupación, el año anterior, en un centro de clasificación en
Rennes. La mortífera actividad del presente poder consiste en dirigir
esta ruina desde un lado y plantar las bases de una “nueva economía”
desde el otro.
Estamos hartos, por lo tanto, de la economía. Tras generaciones en
las que se nos ha disciplinado, se nos ha pacificado, en que se había
hecho de nosotros los sujetos, naturalmente productivos, satisfechos
de consumir. Y he aquí que se revela aquello que estábamos tratando
de olvidar: que la economía es una política. Y que esta política, hoy, es
una política de selección en el seno de una humanidad convertida,
masivamente, en superflua. De Colbert a De Gaulle pasando por
Napoleón III, el Estado siempre ha concebido la economía como
política, no menos que

la burguesía, que obtiene beneficios, y los
proletarios que la padecen. No existe más que este extraño estrato
intermedio de la población, este curioso agregado sin fuerza de los
que no toman partido, la pequeña burguesía, que siempre ha
simulado creer en la economía como en una realidad – porque así su neutralidad quedaba preservada. Pequeños comerciantes, pequeños
patronos, pequeños funcionarios, cuadros, profesores, periodistas,
intermediarios de todas las clases forman en Francia esta no?clase,
esta gelatina social compuesta por la masa de los que simplemente
quisieran pasar su pequeña vida privada a cubierto de la Historia y
sus tumultos. Este pantano está predispuesto a ser el campeón de la
mala conciencia, preparado para tener, en su somnolencia, los ojos
cerrados a la guerra que causa dolor a su alrededor. Cada
establecimiento del frente está señalado en Francia por la invención
de un nuevo capricho. Durante los últimos diez años, éste fue ATTAC
y su inverosímil tasa Tobin – cuya instauración habría requerido
nada menos que la creación de un gobierno mundial ?, su apología de
la “economía real” contra los mercados financieros y su
conmovedora nostalgia del Estado. La comedia duró lo que duró, y
acabó en una insípida mascarada. De una extravagancia a otra, llega
el decrecimiento. Si ATTAC con sus cursos de educación popular ha
intentado salvar a la economía como ciencia, el decrecimiento
pretende salvarla como moral. Sólo hay una alternativa al ap

apocalípsis
en marcha, decrecer. Consumir y producir menos. Convertirnos en
alegremente frugales. Comer bio, ir en bici, dejar de fumar y
supervisar seriamente los productos que se compran. Contentarse
con lo estrictamente necesario. Sencillez voluntaria. “Redescubrir la
verdadera riqueza en la felicidad de unas relaciones sociales
distendidas en un mundo sano.” “No abusar de nuestro capital
natural.” Avanzar hacia una “economía sana”. “Evitar la regulación
por el caos.” “No generar una crisis social poniendo en duda la
democracia y el humanismo”. Resumiendo: convertirte en ahorrador.
Volver a la economía de Papá, a la edad de oro de la pequeña
burguesía: los años 50. “Cuando el individuo se convierte en un buen
ahorrador, su propiedad cumple por completo su misión, que es la de
permitirle disfrutar de su propia vida al abrigo de la existencia
pública o en la reclusión privada.”
Un grafista vestido con un jersey artesanal bebe un coctel de frutas,
entre amigos, en la terraza de un café étnico. Somos cultos, cordiales,
nos tomamos el pelo moderadamente, no hacemos mucho ruido ni
estamos en silencio, nos miramos sonriendo, un poco beats: somos
tan civilizados. Más tarde unos irán a cuidar un trozo de jardín
mientras otros irán a hacer cerámica, zen o una película de
animación. Se comparte el sentimiento de formar parte de una
humanidad nueva, la más sabia, la más refinada, la última. Y se tiene
razón. Apple y el decrecimiento se comprenden curiosament

curiosamente en la
civilización futura. La idea de algunos de retornar a la economía de
antaño es la oportuna confusión tras la que avanza la idea del gran
salto de la gente al frente tecnológico. Porque los retornos no existen
en la Historia. La exhortación a volver al pasado no expresa más que
una de las formas de conciencia de su tiempo y raramente la menos
moderna. El decrecimiento, no por casualidad, es la bandera de los
publicitarios disidentes de la revista Casseurs de pub (macarras de
pub). Los inventores del crecimiento cero –el Club de Roma en 1972?
eran un grupo de industriales y de funcionarios que se basaban en un
informe de los cibernéticos del MIT.
Esta convergencia no es fortuita. Se inscribe en el obligado proceso
para encontrar un relevo a la economía. El capitalismo, que ha
destruido en su beneficio todo lo que subsistía en las relaciones
sociales, se lanza ahora a su reconstrucción sobre sus propios
fundamentos. La sociabilidad metropolitana actual es la incubadora.
Del mismo modo, ha destruido los espacios naturales y ahora se
lanza a la loca idea de reconstruirles como entornos ambientales
controlados, dotados de los adecuados paneles solares. A esta nueva
humanidad corresponde una nueva economía, que quisiera no ser
una esfera separada de la existencia sino su propio tejido, que
quisiera ser la materia de las relaciones humanas; una nueva
definición del trabajo como trabajo sobre uno mismo, y del Capital
como capital humano; una n

nueva idea de la producción como
producción de bienes para las relaciones y el consumo como consumo
de situaciones; y sobre todo una nueva idea del valor que recogería
las cualidades de los seres. Esta “bioeconomía” en gestación concibe
el planeta como un sistema cerrado que hay que administrar e
intenta sentar las bases de una ciencia que integraría la totalidad de
los parámetros vitales. Una ciencia así podría hacernos regresar
algún día a los buenos tiempos de los indicadores engañosos en los
que se pretendía medir la felicidad del pueblo mediante el
crecimiento del PIB, pero en los que nadie creía.
“Revalorizar los aspectos no económicos de la vida” es una consigna
del decrecimiento al tiempo que un programa de reforma del Capital.
Eco?ciudades, cámaras de videovigilancia, espiritualidad,
biotecnologías y convivencia pertenecen al mismo “paradigma
civilizatorio” en formación, el de la economía total engendrada desde
la base. Su matriz intelectual no es otra que la cibernética, la ciencia
de los sistemas, es decir de su control. Para imponer definitivamente
la economía, su ética del trabajo y la avaricia, había necesitado
durante el transcurso del siglo XVII encerrar y eliminar a todos los
ociosos, los mendigos, los brujos, los locos, los hedonistas y al resto
de los desposeídos, a toda una humanidad que desmentía con su sola
presencia el orden del interés y la continencia. La nueva economía no
se impondrá sin una selección parecida de los sujetos

y de las zonas
aptas para la mutación. El tan anunciado caos será la ocasión para
esta selección o para nuestra victoria sobre este detestable proyecto.

TEXTO COMPLETO EN:

CASTELLANO:

http://www.rebelion.org/docs/86360.pdf

INGLES:

http://zinelibrary.info/files/cominginsurrection.pdf

BASE DE DATOS INTERNACIONAL (VARIAS LENGUAS) PARA FANZINES Y PUBLICACIONES:

http://zinelibrary.info/

http://zinelibrary.info/language/espanol

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