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la burguesía, que obtiene beneficios, y los
proletarios que la padecen. No existe más que este extraño estrato
intermedio de la población, este curioso agregado sin fuerza de los
que no toman partido, la pequeña burguesía, que siempre ha
simulado creer en la economía como en una realidad – porque así su neutralidad quedaba preservada. Pequeños comerciantes, pequeños
patronos, pequeños funcionarios, cuadros, profesores, periodistas,
intermediarios de todas las clases forman en Francia esta no?clase,
esta gelatina social compuesta por la masa de los que simplemente
quisieran pasar su pequeña vida privada a cubierto de la Historia y
sus tumultos. Este pantano está predispuesto a ser el campeón de la
mala conciencia, preparado para tener, en su somnolencia, los ojos
cerrados a la guerra que causa dolor a su alrededor. Cada
establecimiento del frente está señalado en Francia por la invención
de un nuevo capricho. Durante los últimos diez años, éste fue ATTAC
y su inverosímil tasa Tobin – cuya instauración habría requerido
nada menos que la creación de un gobierno mundial ?, su apología de
la “economía real” contra los mercados financieros y su
conmovedora nostalgia del Estado. La comedia duró lo que duró, y
acabó en una insípida mascarada. De una extravagancia a otra, llega
el decrecimiento. Si ATTAC con sus cursos de educación popular ha
intentado salvar a la economía como ciencia, el decrecimiento
pretende salvarla como moral. Sólo hay una alternativa al ap
apocalípsis
en marcha, decrecer. Consumir y producir menos. Convertirnos en
alegremente frugales. Comer bio, ir en bici, dejar de fumar y
supervisar seriamente los productos que se compran. Contentarse
con lo estrictamente necesario. Sencillez voluntaria. “Redescubrir la
verdadera riqueza en la felicidad de unas relaciones sociales
distendidas en un mundo sano.” “No abusar de nuestro capital
natural.” Avanzar hacia una “economía sana”. “Evitar la regulación
por el caos.” “No generar una crisis social poniendo en duda la
democracia y el humanismo”. Resumiendo: convertirte en ahorrador.
Volver a la economía de Papá, a la edad de oro de la pequeña
burguesía: los años 50. “Cuando el individuo se convierte en un buen
ahorrador, su propiedad cumple por completo su misión, que es la de
permitirle disfrutar de su propia vida al abrigo de la existencia
pública o en la reclusión privada.”
Un grafista vestido con un jersey artesanal bebe un coctel de frutas,
entre amigos, en la terraza de un café étnico. Somos cultos, cordiales,
nos tomamos el pelo moderadamente, no hacemos mucho ruido ni
estamos en silencio, nos miramos sonriendo, un poco beats: somos
tan civilizados. Más tarde unos irán a cuidar un trozo de jardín
mientras otros irán a hacer cerámica, zen o una película de
animación. Se comparte el sentimiento de formar parte de una
humanidad nueva, la más sabia, la más refinada, la última. Y se tiene
razón. Apple y el decrecimiento se comprenden curiosament
curiosamente en la
civilización futura. La idea de algunos de retornar a la economía de
antaño es la oportuna confusión tras la que avanza la idea del gran
salto de la gente al frente tecnológico. Porque los retornos no existen
en la Historia. La exhortación a volver al pasado no expresa más que
una de las formas de conciencia de su tiempo y raramente la menos
moderna. El decrecimiento, no por casualidad, es la bandera de los
publicitarios disidentes de la revista Casseurs de pub (macarras de
pub). Los inventores del crecimiento cero –el Club de Roma en 1972?
eran un grupo de industriales y de funcionarios que se basaban en un
informe de los cibernéticos del MIT.
Esta convergencia no es fortuita. Se inscribe en el obligado proceso
para encontrar un relevo a la economía. El capitalismo, que ha
destruido en su beneficio todo lo que subsistía en las relaciones
sociales, se lanza ahora a su reconstrucción sobre sus propios
fundamentos. La sociabilidad metropolitana actual es la incubadora.
Del mismo modo, ha destruido los espacios naturales y ahora se
lanza a la loca idea de reconstruirles como entornos ambientales
controlados, dotados de los adecuados paneles solares. A esta nueva
humanidad corresponde una nueva economía, que quisiera no ser
una esfera separada de la existencia sino su propio tejido, que
quisiera ser la materia de las relaciones humanas; una nueva
definición del trabajo como trabajo sobre uno mismo, y del Capital
como capital humano; una n
nueva idea de la producción como
producción de bienes para las relaciones y el consumo como consumo
de situaciones; y sobre todo una nueva idea del valor que recogería
las cualidades de los seres. Esta “bioeconomía” en gestación concibe
el planeta como un sistema cerrado que hay que administrar e
intenta sentar las bases de una ciencia que integraría la totalidad de
los parámetros vitales. Una ciencia así podría hacernos regresar
algún día a los buenos tiempos de los indicadores engañosos en los
que se pretendía medir la felicidad del pueblo mediante el
crecimiento del PIB, pero en los que nadie creía.
“Revalorizar los aspectos no económicos de la vida” es una consigna
del decrecimiento al tiempo que un programa de reforma del Capital.
Eco?ciudades, cámaras de videovigilancia, espiritualidad,
biotecnologías y convivencia pertenecen al mismo “paradigma
civilizatorio” en formación, el de la economía total engendrada desde
la base. Su matriz intelectual no es otra que la cibernética, la ciencia
de los sistemas, es decir de su control. Para imponer definitivamente
la economía, su ética del trabajo y la avaricia, había necesitado
durante el transcurso del siglo XVII encerrar y eliminar a todos los
ociosos, los mendigos, los brujos, los locos, los hedonistas y al resto
de los desposeídos, a toda una humanidad que desmentía con su sola
presencia el orden del interés y la continencia. La nueva economía no
se impondrá sin una selección parecida de los sujetos
y de las zonas
aptas para la mutación. El tan anunciado caos será la ocasión para
esta selección o para nuestra victoria sobre este detestable proyecto.
TEXTO COMPLETO EN:
CASTELLANO:
http://www.rebelion.org/docs/86360.pdf
INGLES:
http://zinelibrary.info/files/cominginsurrection.pdf
BASE DE DATOS INTERNACIONAL (VARIAS LENGUAS) PARA FANZINES Y PUBLICACIONES:
http://zinelibrary.info/
http://zinelibrary.info/language/espanol
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no se sostuviese,
¡dejamos de fingir!”, respondió la oligarquía. Para unos, las materias
primas, las infraestructuras industriales, el complejo militarindustrial,
los bancos, las salas de fiesta y para los otros, la miseria o
la emigración. Como no se creía más en la URSS bajo Andropov, hoy
en día no se cree más en Francia en las reuniones, en los talleres, en
las oficinas. “Si esto no se sostuviese”, responden patronos y
gobernantes, que no se toman la molestia de aducir “las duras leyes
de la economía”, trasladan una fábrica de noche para anunciar su
cierre al personal a la mañana siguiente y no vacilan en enviar el
GIGN para detener una huelga – como se hizo en la de SNCM o
durante la ocupación, el año anterior, en un centro de clasificación en
Rennes. La mortífera actividad del presente poder consiste en dirigir
esta ruina desde un lado y plantar las bases de una “nueva economía”
desde el otro.
Estamos hartos, por lo tanto, de la economía. Tras generaciones en
las que se nos ha disciplinado, se nos ha pacificado, en que se había
hecho de nosotros los sujetos, naturalmente productivos, satisfechos
de consumir. Y he aquí que se revela aquello que estábamos tratando
de olvidar: que la economía es una política. Y que esta política, hoy, es
una política de selección en el seno de una humanidad convertida,
masivamente, en superflua. De Colbert a De Gaulle pasando por
Napoleón III, el Estado siempre ha concebido la economía como
política, no menos que