2/4/08
"Hace algún tiempo, estuve en Ginebra para conceder una serie de entrevistas. Al final de un día de trabajo, como una amiga había cancelado la cena, salí a caminar por la ciudad. La noche era particularmente agradable, las calles estaban desiertas, los bares y los restaurantes llenos de vida, todo parecía en absoluta calma, en orden, bonito, y de repente...de repente me di cuenta de que estaba completamente solo.
Es evidente que ya he estado muchas veces solo este año.Es evidente que, después de un día agitado como aquél, nada mejor que caminar por las callejuelas y los callejones del casco viejo, sin necesidad de hablar de nada con nadie, simplemente contemplando la belleza a mi alrededor. Pero la sensación que tuve fue un sentimiento de soledad opresora, angustioso; no tenía con quién compartir la ciudad, el paseo, los comentarios que me gustaría hacer. Procuré vivir aquel momento hasta el final, descubriendo
q no hay nada peor que sentir que a nadie le importa el hecho de que existamos o no, que no les interesan nuestros comentarios sobre la vida, que el mundo puede seguir andando perfectamente sin nuestra presencia incómoda.Empecé a imaginar cuántos millones de personas en aquel momento estaban seguras de que
eran inútiles, miserables, por más ricas, agradables y encantadoras que fuesen, porque estaban solas aquella noche, y el día anterior también, y posiblemente estuvieran solas al día siguiente.Estudiantes que no encuentran con quién salir, personas mayores delante de la televisión como si fuese la última salvación, hombres de negocios en sus habitaciones de hotel, pensando en si lo que hacen tiene algún sentido, mujeres que se han pasado la tarde arreglándose y peinándose para ir a un bar, fingir que no buscan compañía, simplemente les interesa confirmar si todavía son atractivas; los hombres miran, buscan conversación, y ellas descartan cualquier acercamiento con aire de superioridad porque se sienten inferiores, tienen miedo a que descubran que son madres solteras, empleadas en algo sin importancia, incapaces de charlar sobre lo que sucede en el mundo, ya que trabajan de la mañana a la noche para sustentarse y no tienen tiempo de leer las noticias del día.Personas que se han mirado al espejo, se creen feas, piensan que la belleza es fundamental, y se conforman pasando el tiempo leyendo revistas en las que todos son guapos, ricos, famosos.Maridos y mujeres que han terminado de cenar, a los que les gustaría estar hablando como hacían antes, pero hay otras preocupaciones, otras cosas más importantes, y la conversación puede esperar hasta un mañana que no llega nunca.
Aquel día había comido con una amiga que acababa de divorciarse, y me decía: «Ahora tengo toda la libertad con la que siempre he soñado.» ¡Es mentira! Nadie quiere ese tipo de libertad, todos nosotros queremos un compromiso, una persona que esté a nuestro lado para ver las bellezas de Ginebra, discutir sobre libros, entrevistas, películas o compartir un sandwich por ue el dinero no da para comprar dos. Mejor comer la mitad de uno que comerlo entero. Mejor ser interrumpido por el marido que desea volver pronto a casa porque hay un importante partido de fútbol en la televisión, o por la mujer que se detiene delante de un escaparate e interrumpe el comentario sobre la torre de la catedral, que tener Ginebra entera para uno mismo,todo el tiempo y el sosiego del mundo para visitarla. Es mejor tener hambre que estar solo. Porque cuando estás solo, y no hablo de la soledad que escogemos, sino de la que nos vemos obligados a aceptar, es como si ya no formases parte de la raza humana. En el camino de vuelta, me crucé con otras personas que se encontraban en la misma situa-
ción que yo, y noté que tenían dos tipos de miradas: arrogantes, porque querían fingir que habían escogido la soledad en aquella hermosa noche, o tristes, avergonzadas de estar solas. Cuento todo esto porque recientemente me acordé de un hotel en Ámsterdam, de una mujer que estaba a mi lado, que hablaba conmigo, que me contaba su vida. Cuento todo eso porque,aunque el Eclesiastés diga que hay tiempo de romper y tiempo de coser, a veces el tiempo de romper deja cicatrices muy profundas. Peor que caminar solo y miserable por Ginebra, es tener a alguien a nuestro lado y hacer que esa persona se sienta como si no tuviese la menor importancia en nuestra vida."
Paulo Coelho, El Zahir.
Hola!
como estas?
espero q bn
pase a dejarle mis saludos!
un bexo
y bndiciones pa ute
kuxa ?