Caprichoso se antoja el lenguaje cuando de expresar se trata. Caprichosos los sentimientos cuando la música, valga de ejemplo, los enternece y emblandece. Adolecen de la capacidad de orientarse y encontrar su sitio, volando y temblando entre los muchos pequeños rincones del ser humano. Quién diría, entonces, que esa misma persona que arde en llamitas, fogosas pero abrasadoras, tiernas y dubitativas, mimosas y frioleras, es la misma persona que reía siquiera veinte minutos atrás, o que trepaba a saltos la escalera de sus sueños…
Se agitaban, rascando el cielo, los árboles con sus ramas. Fuertes, algunas. Tan frágiles, algunas otras. Así, como creando música…así, como haciendo vibrar el aire…pero, ay, así, también…como encogiéndolo, agitándolo desordenadamente.
Maldito, a veces, el inmenso abrazo de la soledad, cuyas brasas se esparcen por doquier. Tierno, si las brasas se serenan, si vuelcas su compañía para acompañarla a ella tú. Pero, una u otra…qué intensidad.
Qué misterioso, cuando recuerdo, sentimiento e impresión parecen, entonces, irse tejiendo, cual ejército dispuesto a secuestrarte hacia un mundo inmaterial, una enorme pompa de jabón cuyo vuelo es precioso…pero vertiginoso. Te sientes hecha de plastilina, donde los tonos alegres se tornan envejecidos tonos pastel. Olvidas cómo era aquello de ser una “personita mayor” y te descubres anhelando todo eso sobre cuya formación y desarrollo parecieron olvidarse de enseñarte… añorando, la sonrisa de aquella persona que te admiraba y quería, la soledad compartida en lágrimas, el abrazo de tu abuela que se fue, la ilusión por cambiar el mundo…o colorearlo a tu antojo.
La pena, la rabia…el consuelo…el milagro…es que lo sé, sé que la vida puede ser preciosa…puede serlo, qué duda me cabe. Pero duele la elegante visita de una nostalgia no invitada…el miedo, tal vez, a hacerse mayor. Abrázame, Peter Pan…y en este último vuelo de la mano, enséñame a soltarme y a seguir siendo capaz de volar. No me ates, vulgar rastro de la experiencia, las pataletas por luchar por todas esas pequeñas cosas…,
que yo sé que, mientras se me siga encogiendo el estómago de ilusión (como en las cuestecitas de las cosquillitas, o como cuando te regalan un Gingko -Gingko Biloba si quieren el apellido-) mientras me sigan pareciendo los árboles poemas por descifrar escritos en el cielo, mientras me siga llenando de ilusión un abrazo, aun en un simple segundo, pero inmortal…puede ser, la vida, maravillosa.
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me resbalan seis, siete lágrimas a las comisuras de los labios. qué dulces, ellas...
no te miento si aseguro que la vida cobra significado en estos momentos
en estas realidades de hoy
en que uno se sabe auténtico, libre, feliz
con la panza llenita, bocarriba, y el fresco a verde del campo
dices..
de la nostalgia,
de un juego de mundos: uno son trazos y jirones de colores no pensados, a tirones con la felicidad. No sé le podía tener respeto tan jovenes a esa señora que no era más que una palabra más.
Luego llegas a esa roca, 10 años después, y nada ha cambiado, salvo tú. Todo sigue con el mismo verde, los niños que corren son otros. Otros niños.
Y la soledad te invade. Te golpea sin contemplaciones. Una ola de deseos, " deseeoo... ser de mayor, veterinaria!", " deseeoo.. ", y ahora la roca te observa, estoica, ella no deseó nada. Sigue ahí igual. Nada ha cambiado para ella. Nada hay con lo que alegrarse roca, de nada sirve no desear. Romper a llorar es el principio de un nuevo deseo.
y ahí estabas tú, riéndote de nuevo de la felicidad, de sus malditas letras, y estúpidas canciones, de su persecucción, acoso y derribo.
a ti cariño, a ti te tiene que envidiar.
te quiero tanto..
...
pd. mis comisuras empapadas de tanto falar y falar.
"Saudade" , saudade creen los portugueses que sólo lo tienen ellos
que es una palabra única en su idioma,
no es echar de menos,
es, tan sólo, nostalgia.
Nostalgia egoísta, todos te creemos nuestra,
exclusivamente nuestra, bandida..