LUNES 23 DE AGOSTO
Abrí los ojos cerca de las 7 de la mañana, gracias a la ayuda de Ernesto, quien procuró, con previo aviso, en levantarme a tal hora ya que no confío en mi despertar, aun habiendo observado por la ventana el amanecer de un nuevo día. Pero aquella mañana, había un compromiso por delante, mínimo, pero la palabra ya estaba en juego: revolucionar la cocina del restaurante!
Al llegar a la puerta del Kala Uta, el candado nos obligaba a dirigirnos al otro complejo que posee la familia, donde allí si nos encontramos con Miguel, quien estaba desayunando. Nos invito una taza de café y algunas tostadas. Aceptamos. Al tiro, entrego las llaves del restaurante: la revolución estaba en marcha. Aproximadamente en 2 horas, la cocina adquirió un nuevo aire y desde aquel momento nunca dejo de latir. Nachito vino corriendo con una nota de la madre, cuyo mensaje pedía por favor sacar la basura de la noche anterior. Así fue. Terminada la restauración, volvimos al otro complejo a devolver las llaves y justo en aquel momento la familia se estaba por trasladar en mini bus a su casa del cerro, bien bien arriba.
Miguel y Neira nos invitaron a conocerla, a lo cual no opusimos resistencia. En un carro muy pequeño, con exceso de pasajeros y entre gritos y risas, llevábamos 3 baldes cargados de comida para todos los animales presentes en la casa. Miguel le indico al conductor del mini bus el punto de parada, algo así como un 1 km antes, debido a que todavía los caminos no llegan hasta el rancho. Pero ya desde allí, comenzábamos a visualizar la casa,aun en construcción, pero con abundante marcas de sacrificio y esperanza. Al ingresar, un terreno inmeso que corresponde a una especie de jardin, se divide entre todos los animales que alli viven. Del lado izquierdo se encuentran los chanchos -tres hembras y un macho- que disponen de un gran terrenito. Se les dio de comer y a la vez l@s bañamos. Son temeros@s pero, tras crear un clima de confianza, increíblemente buen@s. En tanto, los chiquillos nos enseñaron todas las gallinas, sus refugios y en donde colocaban los huevos. Después pasamos a visitar el sector del perro, hiperactivo y especialista en destruir cualquier objeto que se le presentara ante el. Finalmente entramos a la casa, profundizamos los sueños en espera, algunos proyectos en mente, tomamos un vaso de coca kina y empezar a despedirnos desde la terraza en construcción mirando el horizonte. En un momento nos miramos a los ojos pero un silencio dijo todo: el estilo de vida.
On October 26 2010
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