5/14/09
Con ojos suplicantes me miró, como esperando de mí, ayuda, consuelo, hasta me arriesgaría a decir que esperaba una solución. Esos ojos me dieron luz, vida y fuerza. Y sin respuesta alguna, sólo la contemplaba muy suavemente. Ahí estaba parada mirando con ojos brillosos, ese brillo que habla por sí, el mismo brillo que reprime a la lágrima de salir a ruedo. Miraba a la nada y al todo. Fingió una sonrisa aliviante y a su vez desesperante. Como esas personas que en su mayor delirio, disfrazan su más profundo dolor, con su más cálida sonrisa. No podía hacer nada más que demostrarle que estaba con ella, y que ella es realmente el Ángel, MI Ángel en la tierra. Aunque la espera desespera, es la más sana solución. Lo intenté y sigo intentando, pero no puedo evadir al sufrimiento ajeno. Ya va a pasar, repetía, en el más eterno letargo, todo pasa.