Ay! más
Armando cogió el paquete de pinceles, rompió el precinto y cogió el nº 2, tal vez el 3, quien sabe.
Lo mojó levemente y lo hundió en la pastilla de acuarela. Seguidamente lo acercó al papel rugoso y con golpes bruscos lo frotó contra él. El pincel quedó destrozado al cabo de pocos minutos. Se giró sonriendo y miró a su madre con sus ojos demasiado separados, más de lo normal. Esgrimió el pincel casi sin pelos hacía ella.
- ¡Mira! se parece a la abuela.
- ¿Por qué has hecho eso? - dijo su madre negando con la cabeza.
- No te preocupes, en la tienda hay más -respondió.
[Historias Bonitas]
On September 17 2009
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