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LAS AMANTES DEL REY

Sabíamos que Alfonso XIII fue un mujeriego contumaz, perfeccionado por el uso a través de los años, que no paró de ponerle cuernos a su esposa Victoria Eugenia de Battenberg. Se los puso desde los primeros momentos de su matrimonio, con una niñera de sus hijos, con francesas casadas, con actrices, cantantes y cupletistas. Dejó algún que otro hijo natural(antes bastardo) por el mundo. Uno salió contestón y ha puesto en apuros a la real familia. ¿Y cuál fue su verdadero amor? ¿La hermosa Victoria Eugenia de la que se encaprichó en Londres y a la que conquistó a través de cartas y postales y con la que consiguió casarse a pesar de los muchos problemas que aquel matrimonio planteaba? Este rey confundía sus caprichos( había sido maleducado por su madre y una legión de tías) con la realidad. Seguramente no pudo soportar- era también soberbio y altanero- el desaire de la princesa Patricia de Connaugth y se encaprichó de una primita más joven, más rubia, más pobre y menos Alteza. Cuando quedó satisfecho no volvió a la alcoba de la reina más que para procrear herederos. No soportó que algunos salieran defectuoso por la hemofilia que aportaba la madre, lo que le valió de cruel excusa para tener una coartada para tener amantes e hijos sanos. Sus amantes fueron conocidas en la corte y las duquesas y grandes de España se lo disputaban como amante. Todo eso se sabía y está en los libros de historia. Un día se reconoció a su amante más famosa, la actriz Carmen Ruiz Moragas y su hijo bastardo el bigotudo y extravagante don Leandro Alfonso de Borbón pregonó a los cuatro vientos que su madre fue “el gran amor del rey Alfonso XIII”. Como tiene una imaginación fecunda incluso escribió libros con historias para no creer, como la insólita entrada en España del rey ya exilado, en plena República para recoger el último aliento de su madre. Doña Carmen, que era una actriz mediocre, que aprovechó la fama de ser la querida real para triunfar en el teatro, a los diez minutos de la caída de Alfonso XIII y la Proclamación de la II República, se declaró más republicana que el mismo Azaña y se enrolló con un escritor de izquierdas. ¿Si era su gran amor cómo no siguió al rey al exilio? Nada más salir de España la pareja real, Alfonso y Ena se tiraron los trastos a la cabeza y se separaron, con lo cual la Moragas tenía vía libre para su amor. La verdad es que este rey no tenía más amor que su propia voluntad y su afición a intervenir en política, olvidando la Costituciónl. Como los muertos no pueden hablar, ni defenderse, ni decir esta amante es mía, sale ahora doña Begoña Aranguren, una señora resabiada y antipática, y dice que la amante de verdad, de verdad de Alfonso XIII fue una tal Soledad Quiñones, una aristócrata que mantuvo su romance hasta la muerte del rey en 1941. El retrato que hace la viuda de José Luis de Vilallonga, marqués de Castelbell, es tan realista que todos los cotillas de antaño y hogaño han querido reconocer en Soledad Quiñones a la suegra de la escritora, la madre de Vilallonga, Carmen Cabeza de Vaca, hija del marqués de Portazgo, ministro y Alcalde de Madrid. Casualmente lo mismo que el padre de Soledad Quiñones. Con lo cual no hay que ser muy avezado para concluir que o bien la señora Aranguren( madre del programa Epílogo, que se emite una vez muertos los entrevistados) utiliza información privada trasmitida por su marido y familia (siempre se sospechó que Carmen Cabeza de Vaca había tenido amoríos con el rey) o bien miente como una bellaca. La coartada de la novela histórica sirve para afirmar que todo es ficción. Ni siquiera desmiente la posibilidad de que su marido fuera en realidad hijo adulterino de Alfonso XIII. Eso es hacer un buen marketing de ventas y no lo de Zapatero con los recortes sociales. Sea verdad o invención y la ambigüedad que la Aranguren mantiene sobre la verdadera identidad de “la amante del rey”(premio Azorín que otorga la editorial Planeta a sus elegidos) de la que sostiene que es una historia auténtica, pero no dice los nombres porque vive todavía parte de su familia, hace que el rey Alfonso XIII cargue con una amante más en su abultado equipaje de mujeriego irredento, como casi todos los borbones. Son cosas de familia de las que nunca hacen caso, como diría Zorrilla. Lo que sí queda completado es el perfil de la escritora que se casó con un deteriorado José Luis de Vilallonga, al que su estupenda señora había dejado plantado. Mujeriego irredento también, fuera o no Borbón y en estado ruinoso, se dijo que se casaba con él por la supuesta fortuna del marqués de Castelfell, que como los viejos hidalgos no tenía más que deudas. Lo que quería la vasca era fama y notoriedad. Abandonó a su anciano esposo a los pocos años y luego le lloró como viuda y ahora se reivindica todavía como tal. Todo en la línea de esa legión de viudas de España (la de Cela, la Pantoja, y un largo etcétera) que siguen viviendo de su viudedad como una pensión vitalicia, que ningún gobierno puede congelar. José INFANTE




On June 04 2010 4115 Views





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