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Pregón de la Luna Mora de Guaro (fragmentos)

Aunque en realidad es sólo un satélite, el único de la Tierra, en todas las culturas la Luna ha ejercido una irresistible atracción para los filósofos, los astrólogos y los científicos. Desde el comienzo de los tiempos ha fascinado a los artistas y ha seducido a los poetas, desde Homero a Virgilio y desde Horacio a Safo o a Anacreonte y Catulo- ya como Ceres, como Venus, Diana o Artemisa. Ellos la cantaron como principio de lo femenino y de la fecundidad. Los celtas también la adoraron. Y no sólo en Occidente, en las culturas china, amerindia, budista, egipcia, taoista, hindú, la Luna ha sido principio de lo masculino o de lo femenino, pero siempre símbolo de la vida y de sus cambios y de la eternidad. El culto y el estudio de la Luna ha interesado lo mismo a los griegos que a los habitantes de la Polinesia o de las tribus del Amazonas. Ha cambiado de nombre y de representación, pero nunca ha dejado de ser símbolo del alma humana y de su entendimiento. Habrá cambiado de creyentes, pero siempre ha figurado en las religiones del Libro.
La poesía en la España musulmana sigue su rastro y ya Al- Mutamid en el siglo XI, rey de Sevilla, poeta mayor andalusí afirmaba “Oh luna llena, cuyo horizonte es mi corazón”. Algo más tarde el poeta valenciano, Ar- Rusafí, cantó “en tus ojeras brilla Géminis/ como zarcillos pendientes”. El murciano Ibn Al-Zaqqaq, al contemplar la luna nueva, exclama: “bienvenida, le dije, bienvenida, / más tú que el vino embriagadora”. Mientras el cordobés, Ibn Zaydun, amante de la bella Wallada, se dirige a ella, interrogándola: “Por dios, dime, ¿me ha sido fiel?/ Y me contestó: “No; te ha traicionado”.
Nunca los poetas, los músicos y los pintores dejaron de interesarse por ella. En el siglo XIX, desde Heine y los románticos al gran Rilke vuelven sus ojos a la luna en busca de inspiración, porque saben que la luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen y que una noche sin luna es la noche árida de la ignorancia. Su “luz apacible y desmayada”, decía Gustavo Adolfo Bécquer, “acaricia mi espíritu y me conmueve hondamente”. El propio poeta sevillano en una de sus leyendas hace a su protagonista Manrique un enamorado de la luna que “puede quedarse una noche entera mirándola”. Para algunos la luna ha sido siempre “una doncella eterna”, el auténtico fuego de la sabiduría, de la paz y del poder. Juan Ramón Jiménez escribiría: “cesó el clarín agudo, y la luna está triste. / Grandes nubes arrastran la nueva madrugada. / Ladra un perro alejándose y todo lo que existe/ se hunde en el abismo sin nombre de la nada”. Es cuando Antonio Machado acusa “al coro de los grillos que cantan a la luna”. Más tarde Vicente Aleixandre, el sevillano que bebió sus lunas primeras en los parques y jardines de Málaga reivindica a la diosa “Luna, maravilla o ausencia, / celeste pergamino”. Su amigo Emilio Prados canta también a la reina de la noche “¿Luna tendida en el monte?/ Luna de pie sobre el mar!/… Y el corazón que va y viene/ remando en la soledad.”. Amigo y compañero de los dos, Altolaguirre escribe “Dama de noche, estrellada /oscuridad de los ciegos. / Piso tu sombra de luna / y el borde de tu perfume/ derramado en el paseo. / Dama de noche estrellada/ oscuridad de los ciegos”. Luis Cernuda que vivó uno de sus grandes amores en las playas de Málaga y Torremolinos bajo su luz brillante, la hizo testigo de su Elegía anticipada: “Tu pequeña figura, sola en algún camino, / cae lentamente desde la luz…/ Mientras los muros, con su hiedra antigua, /crecen lentamente sobre el ocaso”... “Noche arriba los dos con luna llena, / yo me puse a llorar y tú reías. / Tu desdén era un dios, las quejas mías/ momentos y palomas en cadena” escribió Federico García Lorca en los últimos años de su vida, cuando ya había hecho su particular “viaje a la luna” y la había sorprendido “con su polizón de nardos, llegando a las fraguas de Granada. En esta tradición inagotable el poeta Pablo García Baena, cantó también en su juventud cordobesa a la Luna: “Suspiro de la noche, perla fría/ que el estival ardor cambias en nieve. / Fuente donde la alondra trinos bebe, / azor de la nocturna cetrería…” Otro cordobés contemporáneo, Antonio Gala, hace a la luna cómplice de su amor: “La luna nos buscó desde su almena, / cantó la acequia, palpitó el olivo. / Mi corazón, intrépido y cautivo, / tendió las manos, fiel a tu cadena…”. Más allá de los mares y de los océanos Alfonsina Storni nos descubre: “… la luna ha movido, / sus dos labios de plata. / Oh, la luna me ha dicho / las tres viejas palabras. / Muerte, amor y misterio.” Cesar Vallejo le dice: “eres tal vez mi corazón gitano/ que mora en el azul llorando versos”. Y Jorge Luis Borges :”Ya no hay una / luna que sea espejo del pasado, / cristal de soledad, sol de agonías.” Como final de esta corona poética volvemos a él: “La luna de las noches no es la luna/ que vio el primer Adán. Los largos siglos / de la vigilia humana la han colmado/ de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.” J. INFANTE





On September 13 2011 4610 Views



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Afor_visuales2 On 13/09/2011

Pronuncié este Pregón en la XV edición del Festival de la Luna Mora de Guaro el pasado 9 de septiembre. Este Festival intenta la recuperación de la cultura andalusí.






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