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Escurriéndome entre los jirones de la nocturnidad, conteniendo insectos revoltosos que se remueven en mi estómago. Tras una temporada padeciendo una gripe de la que recaigo, y no termino de desembarazarme, ya no sé si son miriápodos que corretean en mis entrañas, si son bacterias, o si son aquello que comúnmente se nombran como emociones. A la altura del hígado, un leve temblor que intento atribuir a los antibióticos, mientras freno mi hipocondría como puedo. Aunque siendo franco, creo que lo que más echa en falta mi hígado es que me tome alguna docena de cervezas. Eso debe estar añorando realmente. Hay cosas a las que no se acostumbra ni la cabeza ni el vientre.
Pero no me apuro, mañana, al igual que el título de esa enternecedora película sobre la escuela, volveré a tantas rutinas que dejará de preocuparme, y probablemente hasta el hígado se encuentre en su hábitat fisiológico habitual. “Todo empieza hoy” (Ça commence aujourd’hui), todo empieza de nuevo, como si no me hubiera sucedido nada en los pasados días, meses o años; como si todo empezara de nuevo en ese pequeño mundo tan bien delimitado y que termina por cerrarse en su propia burbuja y empequeñecerse mientras vuela y se desvanece un semestre más.
Confío en ir abandonando mi sensación de extrañeza. Miro atrás y supongo que ayer esa sensación era mucho más incrementada. Pero de esa rareza casi intestinal no se puede extraer ni excusa ni motivo. Me recuerdo a mi mismo, ayer, aletargado en una pomposa cena a la que asistí para celebrar un cumpleaños. Me recuerdo en una esquinita, jugueteando con las sobras alimenticias, sin levantar la papada más de unos centímetros por encima de la mesa; con la mirada caída y perdida entre granos de maíz ya incomestible. No sé que importaría el acervo de nostalgias mal respuestas que se apilaban en mi cogote e impedían que levantase la mirada hacia los demás comensales, que no paraban de cargar el ambiente con un aire guasón y desenfadado. Sencillamente no cuentan, no merecen que las tome en consideración como agente más allá de su ímpetu para aparecer en el ámbito corporal.
Ayer, ya antes de retirarme a esa esquinita, notaba que no estaba demasiado espléndido. Ya antes, tal vez debiera retroceder algún día más. Entonces, no sentía ningún agravio comparativo por ser el único deprivado de bebidas alcohólicas, ni por rellenar el estómago con antibióticos. Podía pues, atribuir mi acescencia a la enfermedad, ya sin tapujos. Podría seguir tirando de la hebra del tiempo y retroceder hasta el útero materno, intentando visualizar el origen de la verdadera enfermedad. Pero tampoco sería cierto. Me quedara siempre un pedacito de humanidad orgánica.
Acompañando latencias suaves, sé que no siempre es así. Que la acrimonia con la suelo despachar mis compañeros no es tan efectiva con mis propios fantasmas. En el murmullo de la noche, casi en soledad, en la intimidad de respiraciones contenidas, enredado en caricias de desnudez, se disuelve mi conciencia mustia, se funde en un vaporoso anhelo de analgesia eternizada. En los silencios nunca demasiado largos, pierdo esa ceguera. Abandono por un momento, los ojos, para mirar en la aciaga noche de sombras que cubren todas las cosas por las que lloraría. Solo una manifestación de la glándula lacrimal.
Algunas culturas otorgaron al hígado propiedades emocionales, parecidas a las que nosotros atribuimos culturalmente al corazón. Llenar de significado palabras como amor, cariño, querencia o afectividad no debe ser muy distinto de rellenarlas de bilis.
Las ensoñaciones llegan a su fin y me levanto de nuevo, solo. Una florecilla asoma por la ventana. Tan solo hojas granas, tan solo savia en sus astiles. Fluidos que viven sin emerger, sin conquistar lo que hay más allá de sus interiores. Tan solo pude palpar unos latidos efímeros, de un corazón que latía, de un hígado que segregaba líquidos. Como agua goteando entre mis dedos, que nunca podía atrapar.
Unos rayos de sol alumbran esa soledad incomunicada. Todo aquello a lo que no conseguí llegar antes de que naciera el día. Y ahora, solo de nuevo, me repito a mi mismo… yo soy la mañana.
Oceansize : “I am the morning”
http://es.youtube.com/watch?v=A45GaaBteE0
buenass!! tanto tiempo sin pasar por este espacio....
espero no sea un invierno tan tremendo para usted señor...que ande verdaderamente bien!!
BRAVO BRAVISSIMO, torna la persona de derrere las lletres. Jo crec que el que has de fer es despertar dels dies que fugen i no de les ensoñacions que et broten, depertar de les ansias d'analgesic, i tu mateix ferte estimulant. Si per despertar cal tornar a aquest engaña bobus, millor quedat dormint que aixi desprens coses de veritat, derrotes enquistades que surgeixen pidiendo guerra. Ofereixlis aquest honor.
Els chinos diuen que el higado es el foc, les emocions, pero sobretot la rabia, i la vesicula biliar s'encarrega d'expesarla. Sempre q tinguis el higado fotut, tens un problema amb la teva rabia. T'explikaré una historia: Un dia, una noia que es deia Rud va anar a veure el seu metge xino. Ella li va explikar que estava trista i ell li va respondre: -TU no triste. Tu enfadada. Pero triste mas facil.
abre los ojos