1/29/09
AMATISTA
Un día, llegó una expedición con el fin de investigar sobre las piedras preciosas, para ver qué contenían y encontraron una piedra y vieron que era muy fuerte. Su energía era impresionante, era la amatista. Investigaron y descubrieron que se podía usar en anillos y otras joyas. Una vieja leyenda explicaba que los talismanes de amatista tenían el poder de proteger de los envenenamientos y borracheras a quien los portara.
Muy singular la leyenda con la cual Aristóteles explicael origen de la virtud antialcohólica de la piedra. Ametis, era una ninfa bellísima, un día durante una orgía suscitó el deseo de Dionisios. Alcanzada por él, mientras el Dios estaba a punto de poseerla rogó a Artemisa que la salvara. La diosa escuchó su plegaria y el perseguidor al pretender sujetarla encontró en sus manos una joya. Lleno de remordimiento por lo que había hecho, Dionisios quiso dar a la piedra el color purpúreo del vino y estableció por amor y en recuerdo de Ametis, que la violácea piedra evitara desde entonces los insanos efectos del alcohol y mantuviera la castidad. Precisamente debido a esta leyenda, el uso de esta gema se extendió en poco tiempo.
La magia de las piedras es tan antigua como el tiempo. Comenzó cuando los primeros seres humanos sintieron alguna fuerza o poder atrapado en el interior de las piedras que los rodeaban. Estas probablemente fueron usadas en un principio como amuletos, objetos que se llevaban puestos para desviar la negatividad o el "mal". Más tarde se las reverenció como deidades, se las ofreció como sacrificio, y se las sepultó para lograr bendiciones y la fertilidad de la tierra. Su uso está íntimamente conectado con la religión, los ritos y la magia. Los Druidas, los Bretones, los Indios etc., todos acostumbraban a celebrar ritos con las Piedras. Se llegó a adorar incluso a los grandes meteoritos; La Kaaba de La Meca, llamada la mano derecha de Dios (Yamin Allah) y la Piedra Negra de Pesinunte, imagen icónica de la Gran Madre Frigia, llevada a Roma durante la última de las guerras Púnicas. Con el tiempo, las piedras fueron perdiendo el aura mágica que las rodeaba; bajo una capa de polvo quedó el uso terapéutico que practicaban hábilmente los Chamanes, Alquimistas y hasta monjes como la benedictina Santa Hildegarde. En la actualidad, gracias a determinadas disciplinas especiales, definidas por algunos un tanto despectivamente como alternativas, las gemas han recuperado en parte su función primitiva. La amatista es una piedra empapada en la magia antigua. Es quizá tan popular hoy como lo fue hace dos mil años. Colocada debajo de la cama o de la almohada, aleja el insomnio y las pesadillas. Produce un sueño pacífico y sueños agradables, curativos y hasta proféticos. Sin embargo, también asegurará que quien la usa no se quede dormido. La amatista es la piedra de la paz. Calma los miedos, eleva las esperanzas, levanta el espíritu y fomenta pensamientos de la realidad espiritual detrás de nuestras vidas. Usarla significa dejar la culpa y el autoengaño, ayuda a superar adicciones como el alcoholismo, pone freno al exceso de indulgencia y otorga bien.
Auf Wiedersehen!*
Panina.