Dejen jugar al mejor.

Tanta ciclotimia general y no menos distorsión de los valores, hacen que el hincha fortinero, vaya uno a saber por que motivo, se la agarre siempre con él. Esa perversa y maldita globalización, terminó desfigurando la memoria de algunos, y optó por guardar en un distante rincón, las maravillas que nos regala Damián Escudero, cada vez que se pone nuestra querida camiseta de Vélez.

Aquel encuentro con Newells, nos enseñó para siempre, que se trataría de algo, totalmente, fuera de lo común. ¿O en el fútbol argentino, existieron muchos jugadores que hayan debutado perdiendo, y fueran capaces de apilar a tres rivales en la primera jugada?

Los dos goles a Universitario, días más tarde, en la noche de su presentación internacional, despejaron las pocas dudas que quedaban. Atrevido, encarador, intrépido. De perfil bajo, y gran pegada. Capaz de cambiar un resultado por iniciativa propia. Calificado para jugar de volante por izquierda, como también de media punta, ¿y por qué no, de delantero?

La reiterada disposición de la prensa por la noticia absurda, establece que al hincha le apasione más, los jabones pegados en el techo del vestuario de la Villa Olímpica, que los dos golazos a Banfield, por poner un ejemplo.

La sociedad, en la gloria de la contaminación, prefiere observar y repudiar, una y mil veces, los simpáticos videos filmados, por pibes de veinte años, en un lujoso hotel de Canadá, antes de reconocer el campeonato mundial juvenil, obtenido por aquel equipo de Tocalli.

Son los mismos que se burlan del clásico, una y otra vez, los que juzgan al “Pichi” por los gestos provocadores, que a todos nos hubiera gustado hacerles, a los hinchas de Chicago, al término del encuentro; y se olvidan del gol, que, prácticamente, lo condenó a ceder la categoría, al equipo de Mataderos.

La falta de valores, y la búsqueda constante del escándalo, le recuerdan cuando pueden, sus gustos por las válidas salidas nocturnas, como a todo veinteañero. Ellos mismos, son los que suelen olvidarse, que es el único jugador del plantel velezano, capacitado para hacer algo distinto al resto. Lagunero, dirán algunos. Es cierto. Pero el futbolista del que se espera, siempre, un poquito más. Autorizado para ilusionar al hincha cada vez que la pelota pasa por sus pies. Si, al mismo simpatizante que lo juzga si equipo no gana. Ese que gritó a más no poder el golazo a River. Aquel que pidiera a gritos la tarjeta, por cada una de las faltas que le cometieran, en una corajeada ante varios rivales juntos.

¿Que se le enjuicia? ¿Que juega poco?, ¿Que no tiene sangre? Puede ser. Ahora, yo pregunto; ¿Alguna vez Riquelme, se tiró a los pies de un rival, para mandar la pelota sobre un lateral? ¿O acaso Verón corre a los marcadores de punta, hasta el fondo de la cancha? Los distintos son simplemente eso: distintos.

Por ese motivo, por esa sencilla razón. Dejen jugar al mejor. Déjenlo. Que no se nos vaya. Que haga oídos sordos, a tantas críticas sin sentido, y lo tengamos en casa por mucho tiempo más. Después de todo, en un fútbol carente de estrellas, Damián Escudero, es una de las apariciones más importantes. Y gracias a Dios, lo tenemos en Vélez.


Pablo Nicolás Carrozza
pablo.carrozza@hotmail.com


On April 01 2008 Edit







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