El nuevo obispo de la ciudad queria conocer personalmente el estado de avance de los trabajos de construccion de la gran catedral. Hacia cincuenta años que estos habian comenzado, y las torres de la iglesia ya eran visibles a varios kilometros de distancia."Me gustaria acelerar las obras de la catedral. Asi podria bendecirla durante mi mandato y con ello inmortalizar mi nombre", pensaba el obispo.Un buen dia de primavera llego a las faenas con todo su sequito de acolitos y creyentes. Una vez alli recorrio metro a metro la enorme y bella obra. El arquitecto, orgulloso de si mismo, le mostraba los planos y señalaba la construccion.De pronto el obispo se encontro en un patio interior, detras del altar, con unos veinte artesanos que martillaban minuciosamente unas piedras.-¿Que haces? -le pregunto a uno de ellos.-Estoy puliendo esta piedra, que va a ser el pilar del altar -respondio el artesano.-¿Y tu, cual es tu trabajo? -inquirio el obispo a un joven y talentoso artesano.-Moldeo esta piedra blanca que va a contener el agua bendita -rsepondio con arrogancia el hombre.El obispo siguio oyendo jactarse a los artesanos hasta que, en un rincon claroscuro, distinguio a un anciano que golpeaba la piedra con gesto cansino. Mientras se acercaba, alguien le murmuro al oido: "Es el viejo Tomas, el mas antiguo de los artesanos. Esta aqui dsede el inicio de las obras".-¿Que haces? -le pregunto entonces el obispo.-Su exelencia -contesto el anciano-, yo construyo una catedral.