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Antaño, esta era una ciudad en la que se podía confiar. Te achicharrabas en verano hasta que el aire de tus pulmones podía mimetizarse con el vapor que sale de la manguera de una gasolinera y te congelabas en invierno de forma que tu idea de la manicura era simplemente perder las uñas. Ahora ya nada es lo mismo.
El hecho de que en pleno octubre llevemos todo el día sin bajar de los 20 grados (chirimbolo termométrico de la Autónoma, dixit, que no me lo estoy inventando a pesar de mi clara tendencia a exagerar respecto al tiempo dadas mis malas condiciones basales de termorregulación), contrastado con que cuando me he levantado el frescor matinal rozando mis tiernas y delicadas orejillas frioleras me hacían pensar que por fin íbamos a entrar en otoño (mi esquema mental ordena que transcriba que el otoño tiene, por obligación ineludible, que empezar en lunes, no puede ser de otra manera, y si os poneis changos diré que me lo ha dicho el arcángel San Gabriel, consultad las escrituras), hacen que haya acabado por sentirme durante horas como un pollo mojado (excepto cuando he rozado la hipotermia en el 714, cuyos conductores comparten una idea muy peculiar sobre las emisiones de CO2 consistente en combinar ventanillas abiertas con calefacción a toda mecha, que no se, como filosofía de empresa el crear universitarios con la cabeza encogida y los pies hinchados me parece cuanto menos inquietante), cosa que me disgusta sobremanera, porque aún adorando las metáforas animales respecto a mi persona, la comparación Iria-pollo mojado no me congratula por poco halagadora. Una cosa es que te llamen pikachu cabreado o bichobola y otra que digan, “mira, por ahí va un pollo mojado”. Dondevaparar.
Como este follón que me estoy armando con el tiempo no es un suceso aislado en mis dos últimos meses madrileñeando, ahora me veo obligada a calentarme climáticamente la cabeza todos los días, haciéndome composiciones mentales de ropa para poder acertar con la más adecuada para no pasar el día maldiciendo mi poca visión meteorológica. Cosa que aún no comprendo porqué me obceco en hacer, cuando está clarísimo que mi despeluchamiento me permite muy pocas habilidades al respecto por las mañanas, y aunque he hecho destacables avances en cuanto a combinatoria de colores (adiós a mi excelente trabajo durante años como promocionadora de Micolor – o era Mikolor, ahora no me acuerdo si la marca me sonaba más a hongo o a serbocroata - sin derecho a remuneración activa porque nunca creí oportuno cobrar por mi mal uso del espectro visible), aún tardo demasiado en darme la vuelta a las pestañas como para intentar acordarme de qué es lo que elegí como más adecuado el día anterior, y así, aún sigo cometiendo errores básicos como ir a un médico superpijo de esos que van todo tuneados de ultravioleta a quedarme en bragayumbos con ovejitas con ojos revirados y pagar mi craso y lamentable error con la pregunta de la enfermera “Y… es todo tuyo ese rebaño?” (algún día averiguaré qué es lo que incita a la gente en mi persona para que acaben haciéndome ese tipo de comentarios que, a mi parecer, no deben permitirse con otros individuos, porque lo que es a mí, no me parece muy normal que la peña te increpe tan alegremente, aunque en el fondo me haga gracia).
Lo mejor ha venido al salir, que encima me ha caído la del pulpo y después de maldecir al cielo que se burla de mí, pobre humana, por haberme engañado lo suficiente como para deshacerme de mi chaqueta en casa antes de ir, porque pensando en el origen de esta expresión he sucumbido a la tentación de llamar por teléfono a mi padre para preguntárselo, dado que pertenecemos a un municipio organizar de una conocida –en su casa – feria del pulpo y yo nunca he visto caer cefalópodos del cielo (personas si, pulpos y calamares nunca), y porque es un experto elaborador de teorías hechas única y exclusivamente para joderme la cabeza y a veces hasta intento devolvérselas. Sin conseguirlo obviamente, porque me ha acabado de devolver la llamada para explicarme que debe de estar relacionado con maltratar al animal para meterlo en la olla y con esto me está volviendo sospechosamente a la mente la imagen de un pollo mojado resistiéndose a ser metido en una cacerola, así que no he conseguido nada de nada…
Y a todo esto, qué me pongo yo mañana?
Aquí hace un calooooooooooooorrrrrrrrr ... apuf.. pero por la noche ya hace frío también. Peor nos irá en una semana, que ya estamos cambiando la hora!!!
Pues joer... yo nunca pensé que las de MANGO tocasen :S. Estamos a pre.
Encantada de leerte. RIsas mil.
Biquérrimos.
P.D.: Me encantan tus paréntesis ;)
Yo me muero de calor, en casa aún tengo mosquitos tropicales y drosophilas fruteras, cuando se supone que por estas fechas el frío los espanta. Pues no.
Mañana dicen que lloverá por Barcelona, pero eso habrá que verlo..
bss!
jajaja tranquila mujer, que la profesora se puso a mi lado y nos mirábamos en el espejo y yo parecía que tenía 2 barrigas y 3 piernas al lado de la delgadez de la señorita en cuestión jajajajajaja. A mi aún me da vergüenza lo del desnudo, a ver si para la semana ya soy capaz de desnudarme en los baños :P
Estamos en el "entretiempo" más largo que recuerdo. Ya me aburre salir de casa en camiseta de manga corta y una chaquetilla "por si acaso" :P Pero peor sería coger el paragüas cada día, no?