You lost?
1/8/10
Ayer llevé a un amigo al aeropuerto, era la 1ª vez que fui allí conduciendo yo, antes me habían llevado y por eso no me había fijado en el camino. Se nos olvidó mirar en Internet el camino y tuvimos que ayudarnos con el GPS.
A esto había que añadirle que la carretera lleva como dos semanas nevada, y no parece que vaya a derretirse pronto, nieva cada día.
Para ir no hubo problemas, salvo que yo no me fiaba mucho del GPS. Pero para volver fue diferente. Ya había oscurecido, iba yo sola, el GPS hablaba muy bajito, con millas y yardas, no con kilómetros, avisaba tarde de las salidas….
Solamente en encontrar la salida del aeropuerto me llevó como 15 minutos.
Cuando ya salí me hizo dar unas vueltas muy raras por una zona muy rara, y después me llevó a una carretera distinta a la que habíamos cogido de ida.
Pero mejor era fiarse del GPS que de los carteles que no había, o de mi intuición, que era cero porque no tenía ni idea de dónde estaba.
Iba pensando “si me pierdo, me paro en alguna casita y pido ayuda y magdalenas de chocolate”. Porque además es que no había pueblos ni nada, de vez en cuando había una casita al lado de la carretera, pero nada más.
Iba a 30 por hora, por el estado de la carretera y porque el GPS me decía “take the exit” cuando o bien ya la había pasado o bien estaba justo delante.
Además, no siempre avisaba de la salida o la dirección. Y en una ocasión que no me dijo la dirección, tomé la errónea. Después de unos treinta metros me dice “return as soon as possible” y yo “damn it!!”. Claro, ahora no sabía cuánto faltaba para llegar a un sitio donde pudiese dar la vuelta, así que aprovechando que no había nada de tráfico (nadie estaba tan loco para conducir anoche) hice lo que se suele llamar “make the pirula”, dar la vuelta en la carretera y cuando el coche estaba totalmente cruzado y voy a retroceder, pasó aquello que he vivido tantas veces con mis padres en los viajes a la sierra o a la playa, y aquello que pasó en Tarifa y hace un mes en el zoo… eso que siempre que ha pasado, se ha requerido la ayuda de terceras personas desconocidas (aunque en el coche vayan siete no se sabe porqué siempre hace falta otra ayuda nueva). Eso que siempre me ha parecido algo imposible de solucionar, que siempre ha llevado demasiado tiempo en terminar solucionando y que siempre me hace pensar “ahora hay que llamar a la grúa, perder tiempo, mwomwomwo”. Que la rueda del coche patine y no se mueva. Esto me pasó ayer sobre una especie de nieve aguada con algo de hielo. La última vez que me pasó fue con Charlie y este mismo coche, en el zoo, aparcamos sobre fango y metimos toda clase de materias primas bajo las ruedas, y probamos cantidad de trucos para sacarlo, pero hasta que no vinieron otras personas a ayudar, nada. Igual que cuando pasaba con mis padres y cuando me pasó en Tarifa. Al final parece que la única solución es empujar hercúleamete el coche. O dejar que el fango se seque, o la nieve se derrita.
Pero anoche no había nadie que me pudiese ayudar. Es más, lo único que los focos del coche alcanzaban a iluminar, eran campos llanos y vacíos cubiertos de nieve. Sí, la situación era bastante peligrosa. Hacía viento y mucho, mucho frío además. Y estaba todo silenciosamente desierto.
Había un factor más en mi contra, la inclinación del coche era justo la contraria a la que yo necesitaba, la parte delantera estaba más hacia abajo que la trasera y yo necesitaba salir retrocediendo porque si adelantaba un poquito más, me metía en una acequia helada.
Entonces empecé a llamar a todos los dioses de todas las religiones inventadas…. Bueno no, no hice eso. Primero me asusté mucho y después me salió un instinto supremo de supervivencia y sin pensar en el miedo que tenía, me di cuenta de que tenía que salir de ahí sí o sí. Porque llamar a Charlie y decirle lo que me pasaba era perder el tiempo ya que ella no tenía otro coche con el que ir a por mi, sin saber donde estaba y con la bebé dormida. Ni siquiera me bajé a ver como estaba la situación ahí afuera con las ruedas ni nada. Empecé a acelerar poco a poco y al principio no se movía pero como estaba convencida de que tenía que sacar el coche fuese como fuese, y no había otra opción para mí, sin pensarlo ni nada empecé a hacer pequeños giros con el volate de un lado a otro, al mismo tiempo que aceleraba de poco a poco.
En realidad no se explicar lo que hacía, porque ni yo misma lo sé, sólo se que no podía quedarme ahí. Me habría dado un chungo muy fuerte. Recordé algo que me dijo Paco en la autoescuela, pero no me sirvió.Y por un momento sentí un miedo gigante, creo que nunca antes lo había sentido. Me di cuenta de que no hubo un momento en el que pensase que no iba a poder sacar el coche de ahí porque no me podía permitir pensar negativamente ni un instante, al mismo tiempo que era consciente de lo tremendamente difícil que es conseguir sacar un coche en una situación así, más aún estando sola, sin nadie que lo empujase.
(sigo más abajo que el fotolog es como é
Entonces, después de un rato, empezó a moverse un poco, muy poco, y eso me dio una esperanza maravillosa, y continué haciendo lo que estaba haciendo, a veces aceleraba tanto que parecía que el motor iba a explotar y me pregunté si podría llegar a quemarlo o a romperlo pero como digo, lo único que tenía seguro era que tenía que salir de ahí y no reparaba en nada más. Igual se movía centrímetros, pero se movía. Después de un rato, a base de movimientos muy pequeños y avances muy cortitos, el coche había salido de ahí y el depósito de gasolina estaba mucho más vacío. Pero yo había salido y empecé a pensar que quizás los ángeles existen y yo había estado rodeada de ellos en ese momento. Que quizás estoy protegida por algo o no sé, pero de verdad que mi sensación era así. No exagero al decir que era casi imposible salir de ésa. No sólo la rueda patinaba sino que además el coche estaba inclinado hacia delante cuando yo tenía que salir hacia atrás. Sentí que toda la suerte del mundo la había tenido yo para mí ese momento. Quizás tendría que haber comprado lotería.