11/12/05
FOto:OSCar BurgoOs Y su hIjo COn cuCUfatOo y BuruNDANgOo
"LA DRAMA DE UN COMEDIANTE"
Cuenta el animador su lucha diaria por evitar recaer en el alcohol y las drogas
Monterrey, México (11/11/05).
Cuando estaba en tratamiento en la clínica Oceánica, en Mazatlán, luchando por dejar su adicción al alcohol y las drogas, un doctor le mostró al comediante Óscar Burgos una serie de fotos de sus papás y de sus dos hijos, lo cual inmediatamente le conmovió y provocó el llanto.
Acto seguido, el médico tomó las fotos del escritorio, comenzó a romperlas una a una como si hubiera enloquecido y después las pisó ante la cara de sorpresa del creador de los personajes de Burundango y Cucufato.
"Me gritó: 'yo soy la droga, a mí me valen ma.. tus pin.. hijos, tu pin... familia. Yo soy la mariguana, me vale ma..., yo puedo acabar con tu familia cuando quiera. Luego me dijo: 'salte de mi pin... consultorio".
"Yo cuando lo vi dije: 'hijo de su pin.. ma.., le voy a romper el hocico... Al salir, me di cuenta que mi vida tenía que cambiar y que tenía que dejar de hacerme daño y a mi familia", recuerda Burgos.
Parece extraño que el que habla en el foro de un auditorio es el originario de Tampico, el tipo de amplia sonrisa que usualmente da la cara a la gente para contar chistes y llevar felicidad.
Es Óscar Burgos, quien sin una pizca de vergüenza dice que es alcohólico y drogadicto, y que cada día lucha por no volver a caer.
"Lo seré hasta el día que me muera, pero yo no quiero volver a caer. Yo ya pagué la factura y no quiero volver a tener problemas como los que tuve".
Las lágrimas que ha derramado, especialmente por su soledad, ya que ahora está divorciado y la custodia de su hijo Óscar la comparte tres días y medio a la semana con la también conductora local Luisa Fernanda, son las que le dan fuerza para no caer.
"Me dicen: '¿a poco no se te antoja una cerveza, así que se le salen las gotas de lo fría que está? Yo les digo: 'las gotas que ves ahí son la lágrimas que yo he derramado por todo lo que me ha pasado'", expresa.
Óscar le da el crédito de su renovada fe a Dios, quien lo ha salvado, y a la presencia de Oscarito, su hijo, quien ha sido como un ángel guardián.
Una de las anécdotas, donde su voz se quiebra, es aquélla en que, luego de su rehabilitación, fue un día con su hijo al super donde solía comprar cervezas.
"Antes de bajarme del carro me tomó del brazo y me dijo: 'Papá, no vayas a comprar alcohol, no vayas a comprar cerveza, porque ayer soñé que tomabas cerveza y te morías'", dice con dificultad.
Además de su carrera como "showman", desde hace año y medio, Burgos se dedica a dar charlas a jóvenes o adultos, en escuelas o instituciones, para dar charlas motivacionales, que el titula "Angustia, Drogas y Alcohol".
Detiene su 'caída'
A sus 46 años de edad, se siente afortunado de haber puesto un alto en su vida a tiempo, ya que sus adicciones estaban a muy poco de llevarlo al fracaso.
Su contacto con la mariguana empezó en Tampico, cuando tenía 16 años de edad. Su entrada al mundo de las adicciones, Burgos considera que se debió a la nula comunicación que tenía con su padre, un militar de profesión.
Después, en 1979, cuando se fue a estudiar actuación a Televisa, relata, "meterse un pase" de cocaína con personalidades de la televisión era codearse con las grandes figuras y así fue como poco a poco se fue envolviendo en un mundo de excesos.
Ya en Monterrey, sus excesos continuaron y sus problemas seguían creciendo.
Un día, recuerda, lanzó un televisor desde un sexto piso en un hotel de Guadalajara y cayó sobre un automóvil. Otro día se lió a golpes con un empleado de una compañía de aviación que no lo dejó subir al avión por su exceso de equipaje.
Burgos relata que hasta hace unos años, sus días iniciaban ingiriendo un pase de cocaína, luego fumaba un cigarro de mariguana y, como desayuno, bebía jugo de naranja con whiskey.
"Luego para desapende... me tomaba dos ribotriles, luego durante la mañana otro 'perico' (cocaína), luego mota y unas chelas al mediodía. O sea que para la siete de la noche ya tenía una ped...", contó.
Sus adicciones le costaron dos divorcios, perder mucho dinero y, aunque lo dice de broma, daños en la memoria, ya que en ocasiones batalla para recordar los chistes programados en su rutina.
Pero ahora su animo es distinto. Diario acude dos horas al gimnasio, asiste a las juntas de Alcohólicos Anónimos, graba el programa de televisión Club 34 y sigue con sus show en centro nocturno.
Más que por recomendación, sino por orden de su amigo y jefe Eugenio Azcárraga, director de Televisa Monterrey, entró al programa de rehabilitación de Oceánica, donde se desintoxicó en dos meses.
También dice estar en su mejor momento para hacer comedia, para escribir guiones y para buscar un nuevo amor y volverse a casar.
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