Para mi, salir de fiesta es mi religión, mi modo de ver la vida, es mi redención y cuando salgo de casa aunque esté rendida, quiero ver acción. No he robado un banco, no he matado a nadie, no uso a Dios para jurar. Odio que la gente opine de mi vida, quieren aplicarme su justicia divina, como si ellos fueran santos y yo siempre a ellos los veo en los antros. Yo la verdad no me siento tan distinta, como cuando hablo o me muevo en la pista, todos me juzgan y no encuentro la salida. No soy egoista, ni te tengo envidia. Yo me considero una pecadora normal.